Drogadictos anónimos: una puerta a la esperanza en Oaxaca

JULIO CESAR SANCHEZ GARCIAJULIO CESAR SANCHEZ GARCIA

Drogadictos Anónimos, una luz de esperanza.

Sandehui, vio en Drogadictos Anónimos “Armonía” una puerta a la esperanza, al llegar en una situación difícil, ya que, aparte de consumir alcohol y en ocasiones drogas de todo tipo, empezó a perder el respeto por sí mismo, estudios, familia y sobre todo el gusto por la vida.

“Estaba sin ganas de vivir, tenía el apoyo de mi familia, ya había despreciado las oportunidades que me daban, no tenía interés propio por salir adelante, sufría constantes depresiones ya casi no salía a la calle, estaba siempre encerrado en mi cuarto, descuidé totalmente mi persona, mi familia estaba desintegrada, andaba cada quien por su lado”, mencionó.

Otro de sus hermanos andaba ya por el camino de las drogas, por lo que, su mundo se fue convirtiendo poco a poco en un infierno.

Al llegar al grupo se le invitó a tener una vida diferente, por medio de estar en las terapias en la sala de juntas, pudo sacar su experiencia y sacando la catarsis, ha encontrado la comprensión, “he encontrado a un compañero que me va guiando, y voy resolviendo y comprendiendo mis problemas emocionales, me voy conociendo y después de un proceso de irme fortaleciendo, se me da la oportunidad de avanzar en todas las partes de mi vida, por lo que, tuve la oportunidad de terminar mis estudios”.

En el grupo, comprobó que para él no está todo perdido y ha logrado durante su estancia, concluir sus estudios, ya que se tituló, “considero que necesito quedarme más tiempo del mínimo requerido, con mi familia tengo más comunicación, me conozco más y es algo muy diferente de cuando llegue y es un gran cambio por el que estoy atravesando”.

Los dormitorios, debidamente limpios.

34 AÑOS LUCHANDO CONTRA LAS DROGAS

Juan de Dios Acevedo Alcalá, responsable del grupo “Armonía” de Drogadictos Anónimos, explicó que son una asociación civil no lucrativa, que tiene 34 años de haber sido fundada, esto, el 4 de septiembre de 1983, la cual dio origen en la Ciudad de México, con un grupo pionero llamado “Liberación”.

Actualmente son 37 centros en la República Mexicana, distribuido en 16 estados del país, en Ciudad de México y cinco más en Estados Unidos.

El objetivo de esta organización es ayudar a rehabilitarse a personas con problemas de drogadicción, siempre y cuando, asistan de manera voluntaria, donde se atienden a hombres desde 18 a 59 años.

En la entidad , el grupo “Armonía” tiene nueve años, anteriormente se localizaba en la calle de Manuel Sabino Crespo, de la colonia Luis Jiménez Figueroa y hoy en día se localiza en calle Primero de Mayo número 102, esquina Abraham Castellanos, Colonia del Maestro.

EL MODELO DE REHABILITACIÓN

El modelo de rehabilitación que tienen, es de ayuda mutua, “este estereotipo aparte de ser reconocido por las leyes en materia de salud, es de enfermo a enfermo; la rehabilitación se desarrolla mediante el programa conocido como los 12 pasos, lo cual lo complementamos con la psicoterapia grupal, donde compartimos juntas de dolor y superación, experiencias”.

Otra es la terapia individual, que es cuando buscan a un padrino que les genere confianza, al cual le platican sus problemas existenciales; así como la terapia deportiva, recreativa, en la cual realizan manualidades, juegos de mesa, talleres de lectura, cine debate, y el taller de instrucción productiva, donde se les enseña a realizar un oficio, como es el taller de panadería.

Con ello, capacitan a los demás integrantes, para que puedan tener herramientas para integrarse, además que es una de las formas con las que se sostiene el grupo.

En la actualidad se encuentran 35 personas, aunque se tiene capacidad para 37, los cuales pasan tres meses en rehabilitación para, posteriormente, regresar con sus familias.

EL TALLER DE PANADERÍA

Preparación de las galletas.

La mayoría del ingreso con que cuentan es con el taller de panadería, “tenemos un lema, si recibimos gratis la ayuda, de esa misma manera la damos, aquí, se nos brinda hospedaje, alimentación, una rehabilitación digna, y la mayoría sale con dicho oficio, donde se elaboran galletas, pastisetas, besitos, orejitas, empanadas de crema pastelera, queso Filadelfia, pan de muerto, rosca de reyes, y se sale a transmitir un mensaje”.

Asisten principalmente a escuelas, parroquias, donde les compran sus productos, con lo cual recaudan fondos, “aparte, como estamos dados de alta en la Secretaría de Hacienda, podemos extender recibos deducibles de impuestos, para efecto del Impuesto Sobre la Renta (ISR), pero la mayoría de nuestros ingresos salen del taller del pan”.

La disposición, las ganas de salir adelante de cada uno de los que están dentro de este centro, así como la materia prima que utilizan para la elaboración de su producto, es lo que hace que cada vez más gente lo adquiera.

“Entramos uniformados a la panadería, bañados, uñas cortadas, se desinfectan las manos, tienen su uniforme, su gorro, por lo que nuestro producto es rico y hecho con materias primas de calidad”, dijo.

DIFÍCIL CAMBIAR, PERO NO IMPOSIBLE

Aseguró que empezar a cambiar la forma que tenían en la drogadicción, es difícil, “pero aquí vamos encontrando una alternativa diferente, encontramos sentido de pertenencia, cuidarnos entre nosotros y algo que muchas veces la familia no entiende, aquí lo que hay es comprensión, hay muchas cosas que la familia no sabe de nosotros y al escucharnos en la sala de juntas, nos damos cuenta que no somos los únicos con esos problemas y que hay alguien que nos puede entender”.

Su vida básicamente es en comunidad, por lo que, muchos deciden quedarse, otros no, “la verdad mentiría al decir que todos los que llegan se quedan, de 10 son tres o cuatro los que van perseverando, y los que están con nosotros se aferran a cambiar”.

EL PROBLEMA, LA FALTA DE VALORES

La falta de valores y atención a la familia, son factores que influyen para que el joven deje de pensar en sí para dedicarse a las drogas, “el problema viene desde la familia, hay cosas como núcleos familiares desintegrados, gente que se va a Estados Unidos y deja a los hijos abandonados; los padres alcohólicos o drogadictos”.

Pero también existen familias que no precisamente están desintegradas, que los padres tienen una profesión, pero existe la falta de comunicación, “actualmente la sociedad está cayendo en un egoísmo muy fuerte, todo mundo está preocupado por dar cosas materiales a la casa, a los hijos, pero no se está dando lo primordial que es atención, por experiencias propias nos damos cuenta que por falta de interés, atención, a los pequeños se les está dejando a un lado”.

Lamentó que se han perdido los valores, “ya no se practica el respeto, la honestidad, responsabilidad; a pesar de vivir bajo un mismo techo, las familias no están unidas, son factores que influyen, pero esto va más allá de una enfermedad que no implica cuanta droga o alcohol consumas, radica en las emociones y tiene que ver mucho con lo que te afecta el alma y por consecuencia, lo físico”.

Por lo que, si una familia no está unida, cualquiera de sus miembros, puede ser presa fácil para que se entreguen a cualquier tipo de adicción o incluso en problemas fuertes.

El mural realizado por los integrantes de Drogadictos Anónimos.

Consideró un error que varios padres piensan que con dar dinero a sus hijos, ya es suficientes, “hay veces, que por ejemplo, los padres no se toman el tiempo de llegar y platicas con sus hijos, cuando con 10 minutos que se le regalen al día, viendo como van en la escuela, qué problemas tienen y que tengan la confianza al padre, eso es más que suficiente”.

Al tener Oaxaca todo tipo de drogas, por lo que algunos de los jóvenes llegan con problemas de drogas del cristal y la heroína, “lo común es la marihuana, alcohol, pastillas, pero lo que más predomina es cristal y heroína”.

Son varias las consecuencias al consumir ese tipo de drogas, mismas que no son solamente físicas, “las drogas destruyen el organismo, y las primeras consecuencias a las que te llevan es a frenar tus proyectos de vida, cuando uno empieza a drogarse, la droga nos roba la voluntad, es decir, toda la energía, y eso deja que dejemos cosas buenas para nosotros, lo primero es dejar de asearte, se pierde la escuela, el trabajo, la novia, en el caso de los casados, la mujer, los hijos, hasta que llega el momento en que se pierden incluso, las ganas de vivir”.

Las consecuencias son: llegar a prisión, al hospital, incluso a un psiquiátrico, son los tres caminos concretos.

Este es un albergue que cumple con todo lo que pide la norma 028, siendo el único grupo que está certificado.

“Una vez que libramos la batalla con las drogas, tenemos la necesidad de estar trabajando con otro, para mantenernos sobrios, esto lo hacemos por gratitud, porque alguien lo hizo por nosotros y lo hacemos con el que va llegando”, concluyó.