Cuyamecalco, Oaxaca: "¿ahora, adónde vamos a vivir?"

MARIO JIMENEZ LEYVAMARIO JIMENEZ LEYVA

Desolador panorama.

CERRO CULEBRA, CUYAMECALCO VILLA DE ZARAGOZA.-Son los parias, los olvidados. A aquellos a los que solo les queda el llanto para mitigar sus penas. El miércoles 4 de octubre las torrenciales lluvias les arrebataron todo: casa, gallinas, borregos, mulas, cerdos y hasta sus cultivos de maíz. Desde esa fecha aciaga la tristeza y la desesperanza embarga a los habitantes del lomerío de la Sierra Cuicateca.

A las 8:00 horas el agua bajó de los cerros arrastrando todo a su paso. Peñas de toneladas de peso formaron un caudal destructor que no dejó nada en pie. Las míseras viviendas, apenas varas amarradas con bejuco en endebles horcones para detener el barro y techo de dos aguas de láminas de cartón, sucumbieron fácilmente frente a la embestida de lodo, pedruscos y árboles arrancados de raíz.

En el olvido oficial, los habitantes de esta localidad miran las lomas con sus canalejas de barro rojo y la única pregunta que se formulan es: ¿dónde vamos vivir? Después el llanto anega sus ojos.

“NI TORTILLAS PUDIMOS SALVAR”

Las lágrimas de doña Filomena Brioso Martínez no paran de manar, como los arroyos que aparecieron después de las lluvias entre los verdes bosques, al observar su casa de adobe destruida por el fango, piedras, árboles y basura que inundan lo que hasta hace poco era su patrimonio familiar.

“Ése día vi que estaba bajando bastante agua del cerro, entonces corrí a sacar a mis pollos que estaba en la parte de arriba, después regresé a los cuartos y el agua comenzó a entrar. Le pedí a mi hija que me ayudara a sacarla; pusimos una cobija y una tabla para tratar de detenerla, pero seguía entrando, entonces salimos a refugiarnos a otra casa”.

Entre sollozos rememora que como crecía el deslave gritó a sus hijos- -un hombre y una mujer-  que corrieran hacia arriba. “Nos fuimos todos pa´arriba y vimos cómo la casa se cayó, entonces dije: qué bueno que salimos antes, si no ya hubiéramos muerto”.

“Por la tarde tuvimos hambre y pedía a mis hijos que bajaran por unas tortillas, pero una piedra enorme tronó y les grite que se regresaran rápido; lo bueno que es fue de día que si no, nos mata a todos”.

Lagrimas que se desprenden de una profunda tristeza; se perdió el patrimonio familiar. FOTO: Mario Jiménez

En medio del fango, repite insistente. “Todo se perdió, mi refri apenas ayer lo sacó mi esposo; nos quedamos sin nada. Mi hijo va a cumplir 17 años este 21 de octubre y me dijo: ya no vamos a hacer nada el día de mi cumpleaños má; no te preocupes lo bueno es que no nos pasó nada”.

VIVIR EN EL MIEDO

“Ahora estamos viviendo con los tíos de mi esposo, ellos nos dieron de comer esa día por la noche, nos prestaron ropa y nos están apoyado con lo que pueden; ya nada pudimos recuperar y no queremos regresar aquí porque tenemos mucho miedo; todo se perdió en un ratito, nunca pensé que esto iba a pasar”.

Ante la consternación de su compañera, su esposo también solloza. “Lo bueno es que pudieron salir y sanos, lo bueno es que estamos todos juntos”, señala lacónico para no externar sus verdaderos sentimientos”.

LAS AUTORIDADES

El síndico municipal de Cuyamecalco, Evodio Ramírez Rubio, afirma que la situación es crítica en la población, toda vez que no tienen acceso a alimentos por la caída del puente del río de la Raya, que permite el acceso a la municipalidad y otras comunidades circunvecinas.

Denuncia que hasta hoy no han tenido el apoyo del gobierno del estado. “El presidente anda haciendo gestiones en la capital del estado, pero hasta el momento la mano de obra de los pueblos vecinos, que también quedaron incomunicados, nos está permitiendo abrir los las brechas y pasos”.

Asevera que Diconsa está surtiendo las tiendas pero los productos hay que pasarlos por la tirolesa que improvisaron. “Además, otro problema que se presenta es el abuso de los comerciantes, porque después del desastre el kilo de maíz que se vendía a 12 o 15 pesos, ahora lo están dando a 25 pesos por el desabasto”.

Una improvisada y peligrosa tirolesa es empleada para pasar personas y alimentos sobre el barranco dejado por la violenta corriente. FOTO: Mario Jiménez

En el caso del transporte la línea Asunción Cuyamecalco, que tiene concesionada el señor Constantitino Cervantes Roubiño, también elevó su tarifa de manera exagerada, toda vez que cobra 130 pesos de Cuicatlán al río La Raya y 30 pesos de este punto a la cabecera municipal.

“Afortunadamente no hubo pérdidas de vidas humanas, pero sí pérdidas de vivienda, de animales; la casa de salud de la comunidad de Chorro de Agua quedó destruida, muchos caminos tienen derrumbes y hasta ahora no llega maquinaria del gobierno estatal para despejarlos; esta es una situación de emergencia y nadie hace caso”.

En tanto, el agente de San Felipe asegura que todo el tiempo han estado olvidados, marginaos, por el gobierno. “Nunca nos voltea a ver, a pesar de que hay mucha pobreza porque somos campesinos, sin ninguna otra opción”.

“Ahora con los deslaves los cultivos fuero arrasados, por pedacitos se fueron cayendo pero si se suma todo, es una extensión importante, así que el otro año va a ser difícil porque aquí solo se cultiva una temporada”.

“NOS IBA A CARGAR, PERO LA LIBRAMOS”

El señor Melquíades Salvador Sarau Rodríguez dice que si fuera cobarde se hubiera aventado al río, porque ya no había opción. “Nos iba a cargar la chingada, pero la libramos y por poquito”.

Mientras rebusca entre el fango en que quedó convertida su cocina algunos enseres que todavía pueda reutilizar, dice que el miércoles 4 la situación fue terrible, horrible.

“Yo estaba aquí solito porque mi esposa se había ido al doctor para que la operaran de una hernia, si no, quién sabe qué hubiera pasado; aquí no se podía hacer nada, más que salir corriendo”.

La imagen de la desolación dejada en una de por sí endeble vivienda. FOTO: Mario Jiménez

-¿Entonces cómo le hizo para escapar?

-Rodeando la loma. Mi burro y una marranita cargada los tenía allá abajo, -como a diez metros-, pero solo pude soltar al burro, porque a la marranita se la llevó el río. Pero entonces ya no pude entrar a la casa, tuve que seguir bajando y darle la vuelta a la loma.

Ataviado con un sombrero de palma roto, camisa amarilla y pantalón en tono beigue cubiertos de lodo, botas de plástico y machete al cinto, añade que en los 65 años que tiene de vida nunca había visto una cosa así.“Nunca habíamos pasado esto, por eso dejamos una casa más abajo y miren lo que nos pasó aquí”.

“Si hubieran estado acá el día del putazo, yo creo que de miedo dejaban que se los llevara el río; eso era cosa de miedo. Muchos dicen, no es nada, pero cuando pasó el agua se levantaba, los piedrones parecían canicas; el agua entraba como hirviendo y movía las piedrotas facilito; la tierra parecía que saltaba; y no fue mucho, en tres horas hizo todo este desmadre”.

-¿Y no le da miedo quedarse aquí?

-Pues sí, que tal si estamos duermiendo y nos llega otro chingadazo, está difícil, pero a dónde nos vamos a ir.

“¡MI HIJO QUEDÓ SEPULTADO!”

El muchacho fue rescatado de entre lodo y fango. Ahora muchos afectados habitan en viviendas de familiares o amigos. FOTO: Mario Jiménez

Sentado en una cama de madera, en un pequeño cuarto de adobe, donde lo único perdurable es el piso de cemento de un programa federal, el joven Mario se muestra apesumbrado por lo que pasó.

Recuerda que el miércoles iban saliendo de su casa con su mamá, abuela y hermanos para ponerse a salvo de los derrumbes, cuando en la carretera fueron sepultados por tonelada de lodo.

“Nosotros íbamos cruzando y ya no pudimos correr, a mí me tiro y arrastró un buen trecho”.

Su mamá, Guadalupe Pastelín Rivera manifiesta que ella y su otro hijo joven salieron primero de la casa, en tanto que los demás se quedaron atrás. “Cuando iban saliendo les grité que se apuraran, cuando ví que el lodo los tapó y pensé: ahora sí mi hijo se murió. Desde arriba, en la carretera,  sus hermanas lloraban y gritaban en medio del agua; entonces mi hijo más grande y su abuela lo ayudaron a salir. Mi suegra tiene lastimado todo el brazo y la pierna, le duelen bastante”.

“¿Ahora a dónde nos vamos a quedar? Tenemos miedo, mi mamá vive en San Felipe pero para irme me da miedo cruzar la barranca; somos seis los que vivimos aquí y el señor de la agencia dijo que el terreno está cuarteado, me da miedo, ya no me quiero quedar”.

Sin poder contener el llanto, agrega que sus hijos ya no quieren quedarse en esa casa.”Tienen mucho miedo”.

La vivienda se vino abajo y, con ayuda de vecinos, se han ido rescatando enseres domésticos, a una semana de la desgracia. FOTO: Mario Jiménez

Además mi hijo está estudiando pero los libros se quedaron bajo el lodo y dice que ya no va a estudiar porque no tenemos dinero para volver a comprar todos sus útiles y libros.“¿Quién sabe cómo le va a ir, qué va a hacer?”.