Estudian en aulas de carrizo en Santa Cruz Papalutla, Oaxaca

EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Con carrizo, material que trabajan en esta comunidad, se construyeron siete aulas provisionales

SANTA CRUZ PAPALUTLA, Tlacolula, Oaxaca.- Si hubieran esperado a que una autoridad dictaminara los estragos que dejaron los sismos de septiembre en siete aulas de la Escuela Primaria Carlos María Bustamante, las clases estarían suspendidas.

Comprar madera, láminas, pijas y alambrón, conseguir el carrizo que en este municipio crece en abundancia y ofrecer tequio –como se le conoce al trabajo que no recibe una paga- fue la determinación conjunta ante la inacción oficial.

La decisión se tomó después de intentar que autoridades educativas enviaran a un especialista a revisar la infraestructura.

El miércoles 27 de septiembre fue el plazo para que la autoridad municipal adquiriera los materiales. El jueves 28, los padres de familia empezaron a construir la primera aula que serviría de modelo para otras seis.

Se planeó que el viernes, sábado y domingo se destinarían para construir todas, pero el mismo viernes ya habían terminado.

El 2 de octubre se reanudaron las clases. FOTO: Emilio Morales

Proyecto ecológico

Además de conjuntar una participación tripartita entre autoridades municipales, profesorado y padres de familia, para el director de esta escuela primaria, Carlos Sigüenza Olivera, la respuesta ante la emergencia es un proyecto ecológico.

“Se utiliza material de la región”, destaca y explica que la escuela se construyó en dos etapas, entre 1968 y 1975.

En la primera etapa se edificaron ocho aulas con la dirección, una radio escolar, el pórtico y los baños, “todo con estructura de acero”.

Esas primeras aulas fueron las que resintieron el sismo del pasado 7 de septiembre y para mostrarlo invita a visitar el salón de sexto grado grupo B, sin alumnos ni mobiliario.

“A ojos de buen cubero, el salón parece estar bien”, explica y de inmediato se va a los detalles: las trabes están pandeadas, sufrieron una inclinación separándose de los ventanales, que además se alejaron de los muros.

Al mirar hacia la techumbre, es fácil observar que la losa “se movió tantito” y las grietas son la constancia.

En el salón continuo, del sexto grado, pero grupo A, las cuarteaduras en el techo son más notorias. Esa misma situación se repite en otros cinco salones.

Desprendimientos en la estructura de acero, hacen que las aulas sean un riesgo. FOTO: Emilio Morales

Autoridades, ausentes

La supervisión fue por un especialista externo. Cuentan con su propio diagnóstico, pero carece del aval del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO).

La presidenta del Comité de Padres de Familia, Marcela López Cruz, reprocha que tampoco lo ha revisado la Coordinación Estatal de Protección Civil de Oaxaca (CEPCO).

Desde el 13 de septiembre solicitaron al Instituto Oaxaqueño Constructor de Infraestructura Física Educativa (IOCIFED) hacer una valoración ,“pero dijeron que no había personal”.

El siguiente sismo del 19 de septiembre de alguna manera dejaba sin efecto el primer diagnóstico que consiguieron por cuenta propia.

En una asamblea de padres y madres de familia, el lunes 25 de septiembre se conoció el interés de la mayoría: reanudar las clases que se suspendieron desde el 7 de septiembre pasado, día en que se desbordó el río que cruza por la localidad impidiendo el acceso de autos compactos.

“Todos estaban en la mejor disposición para que no se perdieran más clases”, asegura la regidora de Educación, Marta Beatriz Sánchez Martínez,

Las inclemencias del tiempo, la adversidad para la medida emergente. FOTO: Emilio Morales

Así se formó un pequeño grupo de voluntarios que el viernes 29 por la noche tenían terminadas todas las aulas, en la cancha de futbol.

No esperaron

Esa misma noche vieron un inconveniente: la lluvia. Colocar grava triturada fue otra medida emergente y el martes 3 de octubre las clases se reanudaron.

“Los papás hicieron estas aulas pensando en que las autoridades no iban a venir en un buen tiempo y hasta hoy no se han presentado; sólo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) vinieron a ofrecer ponernos iluminación, pero no la necesitamos”, explica el profesor Carlos Olivera, de cuarto grado grupo A.

Y así ha sido; han transcurrido 35 días del sismo de 8.2 grados en la escala de Richter y a la escuela primaria de este municipio del Valle de Tlacolula, ninguna autoridad la ha visitado.

De haberse quedado cruzados de brazos, seguirían esperando una respuesta oficial, sin que 233 estudiantes pudieran ejercer su derecho a la educación.