Suicidio no es cosa de locos

“¿Quién no llora?, ¿quién no ama?, ¿quién no necesita dinero?”. Cualquier persona puede, en algún momento de su vida, tener una conducta suicida, “y eso no lo convierte en un loco ni en un trastornado”, consideró Domingo Abarca Vázquez, especialista en Suicidología.

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el investigador consideró un error abordar el fenómeno del suicidio desde el viejo esquema de la psiquiatría, porque sólo alimenta la idea de que quienes intentan quitarse la vida son pacientes que requieren de un tratamiento médico, pero visibiliza ni atiende los motivos que llevan a tomar esa decisión.

No es un trastorno ni una enfermedad; son factores sociales como la pobreza, el desamor o la falta de empleo, las razones que conducen a una persona a tomar esa decisión; por eso, los antidepresivos no solucionan este problema de salud pública que cada año cobra la vida de 800 mil personas en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Estamos mal si seguimos aplicando la perspectiva clínica-hospitalaria para atender el proceso suicida. En el 99.9 por ciento de los casos, los antidepresivos aceleran la depresión y desencadenan toda la sintomatología del comportamiento suicida... al final, trae consigo la muerte”.

Abarca afirmó que “desde las instituciones de salud nos están mandando a suicidarnos”, para beneficio de las grandes cadenas farmacéuticas, porque a casi todo comportamiento humano lo etiquetan como un trastorno.

—Un ejemplo de ello es el déficit de atención en los niños. Está demostrado que es un vil invento, ¡un fra-u-de!, ¿pregúnteme con qué propósito?... Pregúnteme.

—¿Para qué?

—Para vender fármacos, porque la venta de fármacos es un comercio mucho más lucrativo que la droga, genera más ingresos la venta de fármacos y antidepresivos que el narcotráfico.

Su misión de vida, apuntó, es enarbolar la bandera de un nuevo enfoque teórico, metodológico y operativo que permita una práctica de intervención, bajo modelos inspirados en el derecho humano, la interdisciplinariedad, desde lo interinstitucional y lo comunitario.

“El comportamiento suicida no parte desde la persona, sino en lo social”, enfatizó Abarca; y atender sus causas como la pobreza, el estrés, el acoso laboral y la falta de educación emocional, debe ser un imperativo global.

Esto es urgente porque sólo en 2015, en México, se registraron seis mil 285 suicidios, con una tasa de 5.2 fallecidos por lesiones autoinfligidas por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con el informe que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentó a propósito de esta fecha.

“Una determinante puede ser el desamor pero no el amor, sino la forma en que se entiende el amor hacia una persona, al trabajo o al dinero, y cómo sus rupturas revelan carencias económicas o afectivas que hacen surgir el proceso suicida”, explicó.

—El suicidio como derecho, ¿es posible eso?

—Le devuelvo la pregunta: usted tiene derecho a la vida… ¿sí o no?

—¿Derecho a la vida?... sí, es un derecho.

—¿Y usted tiene derecho a la muerte?

—Es posible.

—Ok. Usted ya dio la respuesta.

Abarca opinó que “hay derecho a la vida y derecho a la muerte”, pero no es que con esto juegue a ser “apologista del suicidio”. No lo justifica bajo ninguna circunstancia, pero con una experiencia tan cruel como el suicidio de su hijo, y las investigaciones que ha hecho en esta materia, puede asegurar que: cada persona puede decidir cuándo y cómo irse.

“Creo firmemente que mi hijo tenía derecho a suicidarse, es una decisión personal. ¡Claro!... Hubiera intentado prevenirlo a costa de lo que sea, pero no me enseñaron a hacerlo. Y de esa prevención es de lo que tratan mis libros; no quiero que nadie transite por la odisea que yo he pasado. Es aterrador”.

—¿Considera que han incrementado los suicidios o ahora se documentan más?

—Han sido constantes en todas las épocas. Pero ahora los índices son más altos porque hay un modelo de desarrollo neoliberal que imposibilita el cumplimiento de algunos derechos y necesidades. Hoy hay menos posibilidades de tener una vivienda y un empleo, y si no puedo darle de comer a mis hijos, hay quienes dicen “mejor me voy”.

El Inegi informó que, en 2015, el suicidio se colocó como la segunda causa de defunción en el grupo de 15 a 29 años; y dentro de las causas que lo provocan hay factores biológicos, psicológicos, sociales, ambientales y culturales.

Dentro de las causas destacan el aislamiento, la salud precaria, la baja autoestima, la desesperanza, los sentimientos de rechazo y la incapacidad para resolver dificultades.

Para hacer frente a la problemática y convocar a la adopción de medidas, a nivel mundial, la OMS y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (AIPS), establecieron el 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.