San Jerónimo Sosola, el pueblo de Oaxaca rebasado por el tiempo

EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Gilberto e Inocencia, la mirada de la vejez en Sosola

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Marcos Gómez de 88 años de edad, regresó a Sosola "a vivir los años que Dios disponga"

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El rostro de la mujer, marcado por los años

SAN JERÓNIMO SOSOLA, ETLA, Oaxaca.- El reloj empotrado en la explanada de la población camina despacio, taciturno, perdido en la soledad de un municipio alcanzado por la vejez. Uno de cada cinco habitantes es mayor de 60 años.

La vejez de Sosola se expresa en las casas construidas en adobes y vigas, donde apenas se levantan tenues columnas del humo de comal; se observa en las figuras corvas que deambulan por los corredores a paso pausado, más pausado de lo que camina el reloj.

La vejez se siente en la quietud de las calles construidas con piedra de río; en la telesecundaria donde sólo hay 32 estudiantes; en cada bimestre en la explanada municipal, cuando se reúnen más de 500 adultos mayores a recibir su apoyo del gobierno; en el diálogo constante entre la palma y las manos surcadas con décadas de elaboración de sombreros, tenates y petates.

En días de calor, se dibuja entre los campos de cultivo con bastón en una mano y el machete en la otra deshierbando la siembra de frijol. “Así me voy al campo. Aún puedo hacerlo”, expresa Maximiliano mientras se quita el sombrero que cubre las canas de sus 83 años de edad.

Maximiliano de 83 años y Eloísa de 69, es uno de los matrimonios conformado por personas más longevas de Sosola. Ambos son menuditos y de piel apergaminada. El matrimonio tuvo nueve hijos, 15 nietos y 3 bisnietos. Sólo una de sus hijas y una nieta viven en la población, el resto, como gran parte de los nacidos en Sosola, emigraron a la capital del estado y del país.

Estefanía escucha con atención a su abuelo Maximiliano y a su abuela Eloísa quienes relatan parte de su vida como adultos mayores. FOTO: Emilio Morales

Maximiliano se pone en mangas de camisa frente a la palma con la que teje petates. Estefania, su nieta de cuatro años, se sienta silenciosamente en el otro extremo del corredor esperando la historia que el abuelo contará sobre su vida.

“Yo estoy joven… apenas tengo 83 años, la receta para vivir tanto tiempo como yo es comer raíces de árboles frutales para tener bastante fuerza. El tiempo en que yo vengo creciendo me he dedicado a tejer palma, no teníamos otro trabajo aquí, eso y nuestro campo. Caminando nos íbamos al Parian a vender nuestros petates. Ese era nuestro empleo y los niños a la escuela”.

El pueblo que envejeció con la migración

San Jerónimo Sosola, localidad que se ubica en la región de los Valles Centrales, a poco más de una hora de la capital del estado, no siempre fue un pueblo en vejez.

Antes del ocaso del Parián, agencia municipal de Sosola que fue un importante centro ferrocarrilero entre los años 40 y 50, los jóvenes predominaban en el lugar debido a que había fuente de empleos y de ingresos.

El Parián era terminal de descarga y de comercialización, fuente de riqueza para pueblos del distrito de Etla, colindante con la mixteca de Nochixtlán y la cañada de Cuicatlán.

Hoy la población joven es casi inexistente, tanto que hace una década el telebachillerato de la localidad debió cerrar por escasez de estudiantes.

La primaria cada vez con grupos más reducidos. FOTO: Emilio Morales

En la población, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), habitan 2 mil 517 personas de las cuales 519 (20.6 %) es población de 60 y más años; es decir uno de cada cinco habitantes son adultos mayores.

Pobreza y vejez

Lo anterior coloca a la localidad como el municipios de Valles Centrales con mayor índice de población en vejez.

Cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), señala que el 49.5 por ciento de la población en Sosola, sobre todo los adultos mayores, vive con ingresos inferiores a la línea de bienestar mínimo.

Además del apoyo gubernamental, algunas de las personas de 60 y más obtienen otro ingreso por la elaboración de artesanías de palma y complementan su abasto con la siembra de maíz para autoconsumo.

El matrimonio conformado por Angélica, de 80 años de edad y Pedro, de 88, refleja dicha condición. La pareja vive con dos mil pesos bimestrales los cuales “apenas si alcanzan para ir al doctor y comprar la medicina”

Pedro y Angélica, sobreviven con mil pesos al mes. FOTO: Emilio Morales

“Así es la tristeza de nosotros. No tenemos trabajo, no se nos da la cosecha. Sembramos y todos los años estamos igual. Nosotros tenemos que comprar nuestro maíz para mantenernos. Lo que tejemos ya no se vende. Ahora fíjese que el gobierno federal en lugar de ayudar a los abuelitos les esta quitando su apoyo”, reprocha don Pedro, quien podría ser dado de baja del programa debido a que la enfermedad lo ha incapacitado para asistir a las reuniones bimestrales.