Multitud desafía al peligro y supera a militares en Tequisistlán, Oaxaca

"No pasen, no vale la pena arriesgarse"
MARIO JIMÉNEZ LEYVAMARIO JIMÉNEZ LEYVA

Poco más de 10 elementos del Ejército trataban de detener a decenas de personas que, tras horas de espera, ansiaban cruzar el puente semicolapsado, y llegar a sus destinos.

La desesperación se impuso a la razón. La valla de soldados fue rota por decenas de personas que arriesgaron su vida al atravesar a pie el puente de Tequisistlán, a pesar de que este podía colapsar en cualquier momento.
¡Es mucho riesgo, yo pienso que la vida vale más que cualquier riesgo! -exclamaba un soldado de la Octava Región Militar del Ejército Mexicano, que se encontraba al centro de una cadena humana formada por otros 14 combatientes del plan DN-III, para impedir el cruce por el puente a punto del colapso.

 

La lluvia comienza a arreciar y las apersonas apuran el paso. Les puede más mojarse que caer a las todavía violentas aguas del río. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

El militar trataba de controlar a una masa de más de 150 personas, algunas de las cuales estaban colocadas casi cara a cara con los integrantes de las fuerzas armadas y apenas separados por una cinta roja. ¡Que nos dejen pasar a los que queremos pasar!, ¡por qué no traen un helicóptero!, ¡o lanchas! - gritaban.

Una ligera lluvia empieza a caer y la desesperación por cruzar aumenta. ¡Déjenos pasar, que va a llover otra vez y menos se va a poder! A las espaldas de los soldados, el puente en el kilómetro 203 de la carretera federal Oaxaca-Tehuantepec lucía con dos grandes hundimientos y varios desniveles en sus alrededor de 200 metros de largo, además de una de sus columnas fracturada, mientras el río corría con fuerza debajo de él.

¡Yo les digo que no pasen, vienen muchas cosas en el río, está arrastrando árboles grandes! -insistía el militar. Pero la lluvia aumentó ligeramente en intensidad y la masa sobrepasó a los 15 soldados colocados a lo ancho del puente. Otras personas, que estaban a la expectativa –sentadas junto a sus maletas, a un costado de la carretera o cubriéndose de la lluvia– aprovecharon que se rompió la valla humana. Se formaron en fila y caminaron por el centro del puente pese a los llamados a que no lo hicieran; del otro lado del puente, también usaron la oportunidad. Pronto, el masa de concreto y acero fracturados se llenó de gente.

 

El Istmo de Tehuantepec quedó incomunicado por el daño que sufrieron las carreteras y accesos a la región.

 

Los soldados vuelven a colocarse en fila. Una mujer llega para pedirles que la dejen pasar y le responden que no –ella estaba "en el baño" cuando se abrió la posibilidad de cruzar el maltrecho camino y sus familiares ya estaban del otro lado, les explica.

 

- ¡Pase bajo su riesgo!- le dice finalmente el militar ante su insistencia,

-¡Sí, no le hace!, responde la señora.

 

Uno de los pilares centrales del puente podría derrumbarse y con éste, el resto de la estructura. FOTO: Mario Jiménez Leyva 

 

Beatriz

Las lluvias generadas por la tormenta tropical Beatriz provocaron el crecimiento del río y la fuerza de su corriente, causó daños en la infraestructura del puente del municipio de Magdalena Tequisistlán, en la carretera federal 190. Su debilitamiento incomunicó a la región del Istmo de Tehuantepec por esta vía desde la noche del jueves.
El fenómeno hidrometereológico que tocó tierra en las costas de Puerto Ángel, en el estado de Oaxaca, ha causado daños en la red carretera de municipios de cinco regiones de la entidad y según los datos preliminares de la Coordinación Estatal de Protección Civil, la muerte de cinco personas.
 

Derrumbes en 190

La principal carretera que comunica a la ciudad de Oaxaca con la región del Istmo de Tehuantepec –y de suma importancia por ser el paso del transporte de combustible que se produce en la refinería de Salina Cruz y de otras mercancías–, presenta severos daños.
Tan sólo del tramo de San Dionisio Ocotepec a Magdalena Tequisistlán hay más de 155 derrumbes menores que afectaron el transito vehicular en uno de sus carriles. Pero, solamente tres brigadas estaban trabajando para liberar a la carretera de las piedras, árboles y tierra que cayeron sobre el pavimento, y una de ellas era de una empresa minera.
 

El socavón

En el kilómetro 116, en el municipio de San José de Gracia, la fuerza del agua provocó que sobre la carretera se abriera un enorme boquete de 30 metros de largo y una profundidad entre los 12 y los 15 metros.
Adán Alderete, superintendente de Pascon Construcciones –empresa encargada del mantenimiento de la vía, contratada por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT)–, explicó que el drenaje colocado debajo de la carretera para desfogar el paso del agua se tapó y colapsó. El agua se empezó a acumular hasta que su fuerza terminó por romper el terraplén del camino.

 

En la carretera Oaxaca -Tehuantepec, un enorme socavón interrumpió el paso vehicular. Para llegar al otro lado, había que bajar por la ladera y rodear. FOTO: Mario Jimènez Leyva

 

“Se va a tener que reparar el drenaje”, dijo, “después reponer el terraplén y el pavimentado. Estimamos que esto tarde entre 48 y 72 horas”.
 

Abandonan viviendas

En la colonia Marilú, de Magdalena Tequisistlán, algunas personas abandonaron sus hogares por la creciente del río. La señora Ángela Fuentes Martínez, detalló que ella y su familia, conformada por seis integrantes, dejó su vivienda; al igual que su sobrina, quien también vive por la zona cercana al afluente.
“Mi casa está a 40 metros del río y hasta ahí llegó el agua”, relató, “nos asustamos y decidimos mejor salirnos e irnos a la casa de unos familiares”. Como su vivienda, estima que otras cuatro también están en riesgo.

Los más grave, dijo, es que los alimentos empiezan a escasear en las tiendas y hasta ahora nadie les ha ofrecido ayuda, ni apoyo con víveres para pasar la contingencia; su situación y la de su familia se agravó, porque son comerciantes y sus productos los venden en el centro de la población, a donde no pueden cruzar.

 

El Zorro Domínguez:
“La tierra está enojada con nosotros”

Al final de la masa de personas que a la fuerza cruzó el puente de Tequisistlán destaca el Zorro Domínguez, rezagado. Avanza lentamente por la orilla del puente, con el cuerpo encorvado y un largo palo en cada mano que le ayudan a dar cada uno de sus pasos.

 

Parece que a Don Rogelio no le preocupa el riesgo. Camina a paso lento, ayudándose de dos largas varas. Su destino, Mérida. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

¡Yo pienso que el río ya anda por aquí por han rascado mucho la carretera, con maquinaria. Por eso cuando viene el tiempo de lluvia (el agua) se amontona y rompe carreteras”, dice mientras camina.

Rogelio Domínguez afirma que en los “condados” por los que ha caminado, toda la gente le apoda El Zorro. Su destino es Mérida, Yucatán y su intención es al parecer llegar caminando, y caminando fue que llegó a Tequisistlán.

Pero la noche de ayer se quedó en este poblado porque ya era muy tarde. “Voy a Mérida, pero me voy a quedar en ese pueblito. Me llamo Rogelio Domínguez, El Zorro, así me apodan en todos los condados”.