Monos de calenda, tradición y sincretismo

Colosos de la sonrisa perpetu
GIOVANNA MARTÍNEZGIOVANNA MARTÍNEZ

Los monos de calenda son títeres gigantes empotrados en estructuras de carrizo que son utilizados para amenazar fiestas patronales o convites.

SAN PABLO HUITZO- Son enormes, robustos, sonríen siempre ante la vida y la muerte. Lo mismo bailan en una festividad de un santo patrón, en una boda o en Guelaguetza, que en una comparsa de fieles difuntos. Son los monos de calenda, títeres de más de dos metros de altura empotrados en estructuras de carrizos integrantes de una gigante tradición oaxaqueña.

El surgimiento de estos singulares personajes, controlados desde sus adentros, tiene su base en la evangelización y “calendas” así llamadas por la celebración en honor a un santo patrono.

Con el paso del tiempo, los monos de calenda pasaron a ser elementos de sátira de los jerarcas católicos y después se quedaron como uno de los muchos símbolos representativos de las fiestas de Oaxaca, como lo son también las llamadas marmotas.

Miguel Ángel López Martínez, monero de San Pablo Huitzo, explica que las marmotas -globos gigantes también con estructura de carrizo- tienen un significado muy apegado a lo religioso.

 

Miguel Ángel va colocando cada hoja de papel sobre la estructura de carrizo para conformar el tórax del mono. FOTO: Giovanna Martínez

 


El soporte de la marmota representa el corazón de Jesús que siempre apunta hacia el cielo. En la parte alta lleva una corona; la estructura interna se conforma por 12 costillas de carrizo (12 meses del año) que son envueltas en una manta blanca representando el mano sagrado.

Así, en conjunto, monos y marmotas, son elementos centenarios de la cultura oaxaqueña, no propios de una celebración de carácter religioso sino una expresión cultural que habla de la riqueza del estado.
 

Titanes de carrizo y papel

Entrar en la bodega de Miguel Ángel, establecida en Huitzo, permite conocer desde sus entrañas y en su historia a los titanes de carrizo y papel.

Al abrir el pesado portón azul, una veintena de ojos destellan enmarcados en pestañas de foami. El rostro de cada uno de los monos tiene una sonrisa perpetua, pues su función es precisamente esa, sonreír para alegrar.

Sus vestimentas siempre vistosas, alegres, estampadas en flores o colores llamativos pues de esta manera van llamado la atención en las festividades.

En el lugar están los reyes magos, los novios, la quinceañera, catrines y diablos, el francés, la presumida, la chinita y istmeña; en total, una veintena que esperan el momento para ser bailados, tanto en la tierra oaxaqueña como en cualquier parte del país o de Estados Unidos, pues la popularidad de los monos de calenda traspasó fronteras.
En los últimos dos años Miguel Ángel ha viajado hacia Puebla, Veracruz, Estado de México, entre otros estados, así como enviado sus creaciones a San Luis Misuri y California, Estados Unidos, a la comunidad inmigrante.

 

El carrizo presente en todas las creaciones. FOTO: Giovanna Martínez

Moneros, un oficio de gigantes

Ser monero es un oficio de gigantes, en donde la imaginación y la habilidad de las manos dan vida a cada personaje.

Miguel Ángel extiende sus herramientas de trabajo bajo la sombra de un frondoso árbol plantado en el patio de su casa. La estructura de carrizo y alambrón conforman el tórax. Sobre los hombros unas hojas de periódico y de reciclaje van amoldándose como piel.

Al tiempo el hombre va recortando su historia en este oficio. “Creo que tengo una habilidad nata. Nunca tomé un taller, nadie me dijo cómo hacerlos, simplemente los hice”, señala.

Durante los últimos 32 años de su vida se ha dedicado a la albañilería. Su incursión como monero ocurrió un tanto por la necesidad de un ingreso extra como por el gusto de “hacer arte”.

“Siempre he dicho que hace monos de calenda es una combinación entre el gusto y el placer de un oficio que reditúa. Es un trabajo que no todo el tiempo es de buenos ingresos pero la satisfacción que me ha dado es la oportunidad de conocer muchos pueblos y costumbre de distintos lugares”, expresa.

 

Monos y marmotas, elementos netamente oaxaqueños y que acompañan las calendas y convites. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 

Inventiva

Miguel Ángel sigue los trazos que le dicta su imaginación para realizar la cabeza del mono. A diferencia del pasado éstas tienen ahora una estructura de alambre galvanizado y ya no son sólo de papel para darles mayor seguridad y resistencia ante lo agitado del baile y las posibles lluvias.

Pieza a pieza va armando el coloso. Paralelamente su esposa trabaja en la costura de la vestimenta que generalmente es lo más apegado a los trajes regionales de Oaxaca. Su hijo menor, estudiante de arquitectura también se adentra en el trabajo en el pintado de los rostros.

- ¿En qué se inspira al armar los monos de calenda?

- Me impulsa la idea de que le guste al público al que los voy a presentar. Por ejemplo, cuando hice a los Reyes Magos me motivaba la idea de que les gustara a los niños . En los catrines, la inspiración fue presentar algo que distinguiera a la comparsa, o en el caso de los convites por Guelaguetza, presentar a los monos con el atuendo más apegado a los trajes regionales.


- ¿Los monos tienen nombre? - Como si fueran sus hijos, Miguel Ángel los comienza a nombrar con emoción.

- ¡Claro! Todos tienen sus nombre, aquél se llama el francés, ella se llama quinceañera, éste se llama Fabián porque se parece a uno de mis familiares. Esta es la Chinita, él es el guapo, la tehuanita, éste es el costeño, allá la abuelita; tengo a mis negritos, el ranchero y la presumida, por decirte algunos.

 

La abuelita y la presumida, dos de los primeros monos elaborados por Miguel Ángel. FOTO: Giovanna Martínez


 

Tradición viva

Los monos de calendas y las marmotas tienen una presencia obligada en las festividades más representativas de Oaxaca, tanto a nivel público como lo es en el convite de la Guelaguetza, como a nivel particular en las bodas o bautizos de la capital y en las comunidades.

Lejos de pensar que pudiera llegar su extinción, cada vez son más los niños que gustan de acudir a los convites y calendas llevando en hombros a sus gigantes bailadores.