Cañada del Tecolote, la miseria en Oaxaca que se exhibió a nivel mundial

MARIO JIMENEZ LEYVAMARIO JIMENEZ LEYVA

¿A dónde va Martina? A la pobreza infinita, herencia ancestral.

BARRIO CAÑADA DEL TECOLOTE, Zahuatlán.- El año pasado, la oaxaqueña fue famosa por ocupar las primeras planas a nivel nacional e internacional al formar parte del libro bajo el nada honroso título de “Los doce mexicanos más pobres. El lado B de la lista de millonarios”.

Hoy Lourdes Angelina está igual de olvidada y marginada. O peor. Para sobrevivir, sale cada semana a Puebla o la Ciudad de México a vender algunos dulces que prepara, y para tomar un vehículo, cruza a pie cerros por dos horas, a fin de llegar a la cabecera municipal, San Simón Zahuatlán.

El año pasado, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se presentó el volumen que narra la historia de la indígena mixteca y de 11 mexicanas más, víctimas de la marginación y el olvido institucional.

“Lourdes Angelina Méndez Ramírez pone a calentar agua y después se la bebe así, sin nada. Dice que es para aliviar el dolor que tiene en el estómago, que no es otra cosa más que hambre, porque esa agua será lo único que se lleve a la boca algunos días”.

El hogar de una de las 12 más pobres de México. FOTO: Mario Jiménez

Así presentan a la mujer que vive en uno de los 13 barrios del municipio, a unos 10 kilómetros de terracería de la cabecera.

El libro fue elaborado por el colectivo de periodistas Cuadernos Doble Raya, las organizaciones civiles Ojos de perro y Oxfam, publicado por Editorial Planeta.

“Estas 12 personas representan arquetípicamente las condiciones y la situación en la que viven muchas. En México hay 11.5 millones en situación de pobreza extrema; así, cada uno de los protagonistas representa más o menos un millón de mexicanos”, explicó Rocío Stevens, directora de campañas de Oxfam México, en la presentación del libro.

Sombreros insuficientes

En aquella ocasión, Lourdes, hoy de 48 años de edad, contó que por más de seis horas, teje sombreros de palma que luego vende a 15 pesos el par. Este año prefirió buscar su sustento fuera.

NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca, buscó a la mujer que fue nota en todos los medios informativos. Pero no se hallaba.

Su hogar es el último del barrio, donde viven dos familias más; un sinuoso camino y una vereda de poco más de 10 kilómetros las separa del centro poblacional donde hay prácticamente todos los servicios.

En 2015 le apoyaron mediante un programa social para la construcción de un cuarto con bloques de concreto y techo de lámina, pero sin ventanas ni puerta. A su hermana Rufina Paula también.

Suelo duro y frío, con petate de por medio, para soñar con más pobreza. FOTO: Mario Jiménez

“Esta vivienda fue mejorada con recursos del FAIS” (Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social), se lee en una pequeña placa colocada en la fachada de ambas casas.

El domicilio del final de una calle sin nombre está en una ladera, entre terreno pedregoso y seco, donde ni siquiera el maíz se dio la temporada pasada.

La cocina es de lámina vieja; pedazos de palos y troncos entretejido con piedras, forman las paredes. Cuentan con energía eléctrica pero no con drenaje; el agua entubada llega de vez en cuando.

Un famélico y enfermo perro, un tierno gato y media docena de chivos, el resto del patrimonio de ambas familias.

El sanitario está más abajo, cerca del río, es una pequeña cerca de carrizo con un hoyo en el suelo; la puerta del cuarto donde duerme, en el caso de Lourdes es de metal; el de su hermana Rufina Paula con la pequeña Martina, de 10 años, es de palos y que no cubre todo el acceso. En temporada invernal, el frío cala.

Láminas viejas, palos, piedras, adobes... hogar cotidiano en la Mixteca. FOTO: Mario Jiménez

Sin educación

Con dificultad en su español, la señora Rufina Paula Méndez Ramírez platica que su hermana Lourdes elabora dulces para salir a vender fuera del estado; se va prácticamente toda la semana y regresa los domingos; lleva consigo a uno de sus hijos.

“Acá no hay nada, más que tortilla con sal; ¿carne?, si se puede cada dos meses”, dice la mujer ya entrada en años, enferma, que cuida de su pequeña Martina, de 10 años, que no conoce a su padre.

La pequeña no va a la escuela, no sabe qué son las muñecas ni la televisión; su cuarto aunque de bloques de cemento, es frío a falta de ventanas y una puerta en forma; duerme en el piso; se levanta a comer lo que puede y se entretiene cuidando a sus chivos.

Escuela, privilegio para muy pocos mixtecos de Zahuatlán. FOTO: Mario Jiménez

Habla poco español y sirve de intérprete a su madre; no va a la escuela porque le da miedo que le pase algo; el plantel más próximo se encuentra a casi un kilómetro, entre camino de terracería y veredas.

Las casas en la Cañada del Tecolote son similares. Todas en el olvido, algunas con pequeñas parcelas para sembrar chiles, tomates o verduras, pero la falta de agua imposibilita esta iniciativa.

En otro hogar, a través de su hija Rosalba, adolescente de pelos de colores que terminó la primaria pero no continuó pues la Telesecundaria fue cerrada desde agosto, interpreta a su madre, Juana Silvia.

Ellos, dice, tejen sombreros para sobrevivir; dos al día, que les pagan a seis pesos cada uno; tejen balones cuando se puede, por el que les dan 10 pesos cada uno. “Pues los programas sociales llegan pero hay poco dinero, no hay trabajo, no se puede sembrar el campo; ir al municipio nos lleva caminar dos horas entre el cerro”, relatan.

A la pequeña la depara un futuro incierto; ni escuela ni alimentación adecuada. FOTO: Mario Jiménez

Ayuntamiento ausente

Eso lo sabe el representante de la localidad, Julio Guillermo Bedoya Camarillo, quien hace las funciones de agente municipal.

Cada semana, a veces cada tres días, camina hacia la cabecera de Zahuatlán para buscar al presidente municipal, en busca de apoyos.

Recuerda que energía eléctrica la tuvieron hasta el año 2005; cuatro años después contaron cobn un pequeño centro de salud; la escuela la construyeron en su primera gestión como autoridad, en 1996-97, en que por varios kilómetros cargaron a la espalda y a lomo de bestia los materiales.

Tubería de agua hay, pero seca; en la escuela primaria se inscribieron en este ciclo escolar 64 y ahora quedan 54.

“¿Pobre doña Lourdes? Acá en Cañada del Tecolote todos somos pobres; las más de 40 familias tienen muchas necesidades. La autoridad no quiere ver donde hay más pobre y la verdad no sé cómo arreglarlo. Cada vez que voy a ver al presidente dice que no tiene tiempo”, expone desalentado.