Federico: pasión por la enseñanza en Oaxaca

EMILIO MORALESEMILIO MORALES

El profesor Federico Avendaño González, enseñando en su aula de lámina

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El supervisor Faustino Alvarado,la presidenta del Comité de Padres de Familia, Amelia Cruz Pérez y el profesor

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Los alumnos que llegan de comunidades vecinas.

ASUNCIÓN NOCHIXTLÁN, Oax.- A pesar de estar ya cerca de la jubilación, el profesor Federico Avendaño González mantiene todavía su gusto y vocación por la enseñanza, pues está consciente de que la educación constituye una herramienta para alcanzar la justicia social; más aun cuando lo rodea la marginación de la escuela primaria Pedro Feliciano Santiago Alvarado, su centro de trabajo.

Tampoco ha dejado de cultivar la reflexión y la crítica por ser condición indispensable para conservar su compromiso comunitario, porque la mayoría de los habitantes de la colonia El Zapotal, migrantes muchos de comunidades vecinas, de Tlaxcala, Puebla y el Estado de México, así como de quienes han regresado de California, Estados Unidos, se encuentran en situación de pobreza.

Por eso no es raro que sea estimado por sus alumnos, padres de familia y compañeros, incluso cuando labora en un aula de lámina y piso de tierra con su inacabable entusiasmo y pasión.

Quienes hablan de él dicen que es un profesor comprometido y riguroso, pero también justo y comprensivo.

“Cuando hay vocación se trabaja donde sea, porque como profesor uno es un ser privilegiado, ya que no solamente educa, sino que construye sociedad”, aseguró el docente durante una entrevista en el centro escolar.

El nacimiento de su vocación

Indígena mixteco, de 53 años de edad, originario de San Mateo Etlatongo, con 32 años de servicio, estudió en la Escuela Normal Experimental de Teposcolula, generación 1980-1984, por una vocación construida a temprana edad, adquirida por la admiración a una de sus profesoras en la primaria.

“Desde niño me gustó por el interés que despertó en mí una profesora de segundo grado, por su apego y dedicación al trabajo. Se llamaba Irene. Ella me motivó”, refirió.

Pero por las condiciones económicas de su familia no fue fácil y debió alternar sus estudios con su trabajo en el campo al lado de sus padres, a pesar de contar con la ayuda de su hermano mayor.

“Era un sueño muy lejano para mí; era difícil estudiar por la situación de mi familia. Tenía que trabajar los fines de semana en el campo, no había de otra. El apoyo de mi hermano León, fue fundamental en los dos últimos años de la carrera”, confió.

En su primer año laboró en la escuela primaria Benito Juárez de San Andrés Montaña, Silacayoapan –a donde llegaba después de una caminata de cinco horas, por falta de transporte–, después fue cambiado a un centro escolar de Ixpantepec Nieves y posteriormente en 1986, se trasladó a Los Altos de Jalisco, a petición propia, cuando la educación todavía no estaba descentralizada, pero fue rechazado por un cacique e incluso, sufrió racismo.

Junto a sus alumnos de quinto grado. FOTO: Emilio Morales

“Llegué a la ranchería Puerta de Carreta, municipio de Jesús María; la escuela tenía cinco años de estar cerrada, casi no tenía techo, ventanas ni muebles, pero en una semana la acondicionamos. Al segundo día, llegó un cacique en caballo, con pistola, como si fuera una película, a decirme que se tenía que hacer lo que él decía. Había mucha resistencia y me discriminaban; no lo hacían de frente, pero por atrás decían indio, oaxaco, ¿cómo un pinche indio va a decir lo que debemos hacer?”, contó.

Finalmente, su trabajo en el aula modificó la actitud de los habitantes y del cacique, quienes incluso pidieron que se quedara en la ranchería, cuando llegó el tiempo de regresar a Oaxaca, por una permuta.

“Al ver el trabajo, el cacique llegó, se puso a la orden y llevó a sus hijos; tuve un grupo multigrado de 70 niños de primero a sexto grado. Como allá son altos, tenía alumnos de cuarto grado que eran de mi estatura y de quinto o sexto más altos que yo. No querían que me viniera, no sé si lloraron, pero yo sí; me encariñé con ellos”, detalló.

A su regreso, en 1988, laboró en Tierra Colorada, luego en Santiago Huaclilla, San Juan Ixtaltepec, San Mateo Sosola y por último en este municipio, donde en el 2000 fundó la Escuela Primaria Lázaro Cárdenas del Río, junto con otros profesores.

“Fue una tarea difícil porque era una barranca, un terreno accidentado, inhabitable, pero con el gran apoyo de los padres de familia se adaptó y después mediante la gestión, se construyeron tres aulas y un muro perimetral”, evocó.

Trabajar con lo que hay

Del 2011, a la fecha, fue enviado a la Escuela Primaria Pedro Feliciano Santiago Alvarado, creada en el 2008, y que cuenta solamente con cuatro aulas de concreto.

“Trabajar en un aula de lámina es difícil, las condiciones físicas y pedagógicas no son las adecuadas; cuando hace calor, esto parece un horno de microondas, cuando hace frío un refrigerador y cuando llueve, se asemeja una coladera porque entra el agua por donde sea; el piso es puro lodo. Pero, ni modos, así hay que trabajar; esa es la vocación”, manifestó.

Sin embargo, el trabajo del profesor no solamente se ha quedado en el aula, pues junto con sus compañeros ha involucrado no solamente a sus alumnos, sino también a los padres de familia y a toda la colonia, ante los desafíos que enfrenta el planeta.

Las aulas de lámina de la escuela. FOTO: Emilio Morales

“Es que es necesario hacer conciencia sobre el grave problema mundial por la contaminación; con los demás profesores, nos hemos dedicado a la separación de la basura, a la producción de abono orgánico por composta y a la siembra de una parcela de verduras y legumbres. Así, se ha contribuido a la limpieza de la colonia y a obtener un pequeño recurso con la venta del PET, a fertilizar nuestras plantas y a cambiar los hábitos alimenticios de los padres de familia y alumnos”, asentó.

–¿Cómo le gustaría que le recordarán?

–Como un profesor preocupado por la educación de mis alumnos, por la sociedad y este mundo. Por hacer el bien, porque en este mundo solamente tenemos dos caminos, el bueno y el malo. Después de algunos años, me he encontrado a mis ex alumnos que ya son profesionistas y me agradecen hasta los regaños porque son alguien en la sociedad.

El abono orgánico producido por profesor y alumnos. FOTO: Emilio Morales