Santa Magdalena Jicotlán; abandono, soledad y silencio por la migración

EMILIO MORALESEMILIO MORALES

Casas a punto de caer, una evidencia de la migración.

SANTA MAGDALENA JICOTLÁN, Oaxaca.- Son tan pocos los habitantes de este antiguo pueblo de origen chocholteca, mixteca y popoloca, ocasionado por la migración a los Estados Unidos, que el último presidente municipal fue electo con menos de 20 votos.

A la asamblea general, realizada el 30 de octubre del 2016, fueron convocados 27 ciudadanos, pero solamente 23 acudieron a la sala de sesiones del Palacio Municipal, a elegir a sus nuevas autoridades.

Santa Magdalena Jicotlán

Se localiza en la región Mixteca, a 174 kilómetros al poniente de la ciudad de Oaxaca.

"Lugar de avispas"

La palabra Jicotlán se compone de las voces del nahuátl xicatl, que significa avispa, y tlan, lugar.

 

De éstos, 18 votaron en favor de Moisés Cruz López, como nuevo munícipe, mientras que 16 por Fernando Nava Juárez, Rigoberto Castro y Cipriana Ramírez Jiménez, como síndico, regidor segundo y regidora tercera, respectivamente.

Quien recibió menos votos, fue Antonio Ávila Soriano, con 14, pero alcanzó para ser electo como regidor primero.

Inicia la migración

A principios del siglo pasado había por lo menos 621 habitantes, hasta que en los años 70 comenzó la gran migración hacia la Ciudad de México, Veracruz, Puebla, Estado de México y la capital del estado, pero también a Nueva York y Chicago, ante la reducida producción en el campo, por la aridez de la tierra y la escasez de agua.

En la actualidad, según el Censo 2010 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), este pueblo tiene 93 habitantes, aunque en realidad solamente residen 86, por los nuevos desplazamientos en los últimos años.

De esta manera, el pueblo está tan solitario y quieto, que el silencio reinante solamente se rompe por el cantar de los pájaros, por el zumbido del viento o por las campanadas del enorme reloj, frente al parque municipal.

La población infantil también se ha reducido a tal grado que el Jardín de Niños Rosaura Zapata, fue cerrado por falta de alumnos, mientras que la Escuela Primaria Francisco I. Madero, apenas tiene a 10 estudiantes en un grupo multigrado.

“Las ventas han bajado mucho, es que ya son pocas las personas. Pura gente grande hay en el pueblo, a veces ni 500 pesos se venden al mes; si acaso se venden cinco huevos o un refresco. Ya he pensado cerrar, esto se va a acabar”.
Fidel Espinoza, comerciante

Calles solitarias

Si acaso una o dos personas caminan por las calles del pueblo, sobre todo mujeres, quienes visitan a un familiar o porque de repente acuden a una de las semivacías tiendas a comprar algo.

Son pocos los que regresan al pueblo. Muchos de los que se fueron, solamente regresan el 22 de julio para participar en la fiesta a la patrona, Santa María Magdalena.

Otros, vuelven para cuidar a sus padres de edad avanzada o enfermos y es cuando los que no se fueron o regresaron, aprovechan para nombrarlos como autoridad. Este es el caso del actual presidente municipal Moisés Cruz López, quien cursó las carreras de Comunicación y Economía en la UNAM, así como una maestría en Antropología Social en la ENAH.

Muy pocos habitantes caminan por las calles solitarias. FOTO: Emilio Morales

Regreso forzado

En los años 40, empezaron a salir a los Estados Unidos los primeros migrantes, aunque algunos regresaron, pero tres décadas después, se acentuó el desplazamiento por la falta de empleo.

“En los 70, fácilmente salían hasta 50 personas por año; ahí comenzó el desplome poblacional”, relató el munícipe.

Ese fue el motivo también de su migración hacia la Ciudad de México en esa década para obtener un empleo y poder sufragar sus estudios.

“Me fui en 1976 a buscar la vida; trabajé en fábricas, como almacenista y en bares de centros nocturnos en Garibaldi, donde ofrecía canciones en las mesas. Así pude estudiar”, refirió.

El munícipe Moisés Cruz López, un exprofesor de la UNAM. FOTO: Emilio Morales

Hasta antes de su regreso en el 2010, no tenía alguna intención de retornar porque se encontraba dedicado de lleno a la docencia en la UNAM y en la Iberoamericana.

“Era profesor en esas universidades, pero mi madre enfermó y decidí regresar para estar a su lado. Desafortunadamente, murió a los pocos días”, reseñó.

Recién llegado, participó en la asamblea general y ahí fue electo inicialmente como tesorero, a pesar de no tener algún conocimiento de contabilidad o teneduría.

“No había de otra, tenía que cumplir el servicio con el pueblo. Finalmente decidí quedarme y seguir sirviendo con la convicción de que el pueblo siga existiendo. Además, aquí encuentro calidad de vida, tranquilidad y aire puro”, contó.

Sin embargo, ocupar la presidencia municipal representa un gran reto para revertir la situación actual del pueblo, ante las participaciones destinadas anualmente de un millón 100 mil pesos anualmente.

“El poco número de habitantes afecta mucho porque se refleja en los recursos financieros que nos envía el gobierno y en las reglas de operación para alguna obra. Por ejemplo, si queremos una presa nos preguntan ‘¿a cuántas personas beneficiaría?’ a 30, les decimos. ‘Ah, entonces no, no se puede, son pocas personas’. Así no se puede; además, la Sedesol catalogó al municipio como de grado de marginación media, cuando hay muchas necesidades. Pienso que este pueblo puede durar más de 100 años, pero no sé si en estas condiciones”, terminó.

“Al año, el pueblo recibe un millón 100 mil pesos anualmente, pero es insuficiente porque existen muchas necesidades. Queremos una ampliación de agua potable y hacer baños secos por la misma escasez, aunque no alcanza por los demás gastos que se tienen".
Rigoberto Castro, Regidor de Hacienda, ex síndico, ex secretario, ex regidor de Educación y ex policía.

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“De cinco policías, somos tres mujeres. Estamos para la seguridad; no me da miedo porque el pueblo es tranquilo. Además, atendemos a las personas que llegan de fuera; también, los domingos barremos el jardín. Damos el servicio las mujeres por falta de habitantes; somos pocos y hay que apoyar al pueblo”.

Leticia Márquez López

Policía

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