Oaxaca y las matemáticas: un genio ordena el Pi

EMANUEL SALINASEMANUEL SALINAS

El brillante Pedro Alí confirmó que a los oaxaqueños se les da muy bien las matemáticas.

Desde hace tres años, en la Alameda de León de la capital oaxaqueña, se realiza un evento matemático para conmemorar el Día del Pi, que busca fomentar la divulgación de las matemáticas y además permite que la gente se interese en el estudio de los números y la ciencia en general.

Este año, las actividades fueron organizadas por instituciones de divulgación científica y matemática de Oaxaca. Silvia Millán, directora de la Casa de las Matemáticas de Oaxaca, asegura que en el estado existe una buena apreciación por esta ciencia. De hecho, afirma que en el primer evento que organizaron reunieron a más de 5 mil 500 personas.

En este tipo de eventos se busca desmitificar la idea de “terror” a los números. Gracias a los talleres de origami, juegos, cuentos y la Cumbia de las Matemáticas, ayudan a acercar la ciencia a los jóvenes para que se decanten por el estudio de los números.

Ordenar el Pi

El reto era simple: una pizarra al frente del público mostraba la secuencia del número Pi; eran cerca de 200 dígitos. Los participantes tenían que recitar al micrófono la secuencia numérica que seguía del clásico 3.1415 que nos enseñaron en clases.

Conforme avanzaba el concurso, los concursantes eran menos. Natalia fue la primera, sorprendió por memorizar 92 dígitos y su hazaña arrebató una sonora ovación en una audiencia que, en su mayoría, era de estudiantes.

Así fueron pasando todos, entre ellos Elías Daniel, quien memorizó 136 dígitos, que le valieron el primer lugar del concurso. En ese momento de la competencia, puso la meta muy alta, parecía que aseguraba el primer lugar.

Faltaba el último concursante. Pedro Alí, un chico delgado, retraído, con voz temblorosa, es estudiante del Instituto de Ciencias de la UABJO, y sus habilidades prácticamente paralizaron el evento. Desde que comenzó, hacía un movimiento extraño con sus manos, las cuales también sujetaban una figura de origami: estaba haciendo cálculos mentales.

Conforme avanzaba superó a Iván y sus 79 dígitos; a Natalia, y se acercaba a la posición de Daniel, quien era dueño de la cima del podio. Conforme lo hacía, la gente comenzó a emocionarse y otros más trataron de atacarlo y demeritar su inteligencia: “¡Está haciendo trampa!”, “¡Tiene un acordeón!”, fueron algunos de los gritos que surgieron cuando estaba cerca de la marca de Daniel. Pero todas las acusaciones se desvanecieron en medio de los aplausos que arrancó tras superar los 136 dígitos, con lo que se apoderó del primer lugar.

El genio de las matemáticas

Para los estudiantes más avanzados que presenciaban la hazaña, estaba claro: él no estaba memorizando, en realidad había desarrollado un sistema que le permitía calcular los dígitos que sucedían en la serie.

Pedro continuó; la pizarra incluso tuvo que girarse para revelar el resto de los números, que sólo fueron anotados por si las dudas. Nombró más de 150; sin embargo, hubiera podido continuar, sólo que su humildad fue más grande.

Al final, el primer lugar tuvo que compartirse, pues el mérito de la capacidad de memoria de Daniel había que reconocerse, pero los aplausos y la tarde se los llevó este chico de la colonia Experimental.

Así fue el cierre de los festejos de un número exótico, con un destello de brillantez. La Alameda de León no lo notó, pero esta tarde, Pedro había desarrollado un sistema; organizó los números, ganó el concurso y confirmó que, a los oaxaqueños, se les dan muy bien las matemáticas.