Guerrilla en Oaxaca, en estado de “latencia relativa”

JUAN CARLOS ZAVALAJUAN CARLOS ZAVALA

"Puede desencadenar un conflicto que los lleve a tomar esas armas de cacería y convertirlas en armas de guerra", Samael Hernández.

Oaxaca.- Los movimientos armados, revolucionarios o de pretensiones revolucionarias en México están latentes, en un proceso de “latencia relativa”; algunos en procesos de lucha hacia formas más democráticas, asegura el investigador Samael Hernández Ruiz.

Actualmente, prevalecen los movimientos sociales de orientación democrática. La posibilidad de un estallido armado en el país, opina, es difícil porque las condiciones políticas y de la región no lo permiten. Además por la apertura política en México, el desarrollo de tecnología de guerra y contrainsurgencia y, porque no hay algo que implique aceptar un costo tan alto.

“La muerte de los grandes símbolos de la lucha armada, el último fue Fidel Castro, lo que se ha dicho de algunos grupos es que Fidel reconoció al final que en esta época el movimiento armado no es el método para transformar a la sociedad contemporánea”.

Caso Oaxaca

Sin embargo, eso no quiere decir que los grupos guerrilleros no existan. En el caso de Oaxaca, dice, siempre se ha estado armado y siempre ha existido la lucha armada; pero esta no ha sido contra el Gobierno, sino está relacionada con asuntos agrarios, político electorales, religiosos y de resistencia ante el crimen organizado.

Lo que el gobierno debe cuidar, dice, es que esas armas sirvan para cazar conejos y no sirvan para la autodefensa, “por eso es que hay que atender esos pueblos, porque puede desencadenar un conflicto que los lleve a tomar esas armas de cacería y convertirlas en armas de guerra, de resistencia”.

Los grupos armados con pretensiones revolucionarias que se mantienen en el país son el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (EPR), el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y Tendencia Democrática (TD), estos últimos tres con presencia en Oaxaca. Y todos ellos, en un estado de “latencia relativa”.

En EZLN, detalla, tiene clara pretensión de dar prioridad a formas de lucha más democráticas a partir de su anuncio en el que informó que contenderá con una candidata indígena en las elecciones presidenciales del 2018; aun tiene territorios ocupados en Chiapas y algunos problemas internos.

Otro es el EPR, que mantiene una política de acumulación de fuerzas y ha pasado por diferentes etapas de crisis. Para Samael Hernández, la crisis permanente de este movimiento armado es de orden generacional: “su dirección política ha resistido mucho tiempo y es muy normal que al interior se den tensiones, porque construir una dirección en esas condiciones no son fáciles y seguramente tienen este momento de definiciones, yo no sé si van a tener la capacidad de salir de ese estado de latencia”.

El ERPI, por su parte, no ha dado señales de vida. No ha emitido comunicados o publicaciones; el especialista Samael Hernández sospecha por ello, una fuerte crisis en este grupo cuyas operaciones principales estaban en el estado de Guerrero.