Marcas en el alma: huellas mnémicas

Rosa Angélica Raymundo Hernández//Segunda de dos partes.

En la primera parte de esta nota mencioné cómo aquello que acontece en la proximidad del ser humano, deja registro en lo psíquico; dichas marcas quedan grabadas en lo que llamamos memoria, las cuales pueden evocarse o enlazarse como el símil con aquella bellota, lo que llega a provocar series de sensaciones y emociones de la manera menos esperada en la vida adulta. La memoria entonces, se encuentra repleta de huellas, sin que todas alcancen a emerger a la conciencia; esto es lo que conocemos como recuerdo.

Donde nace la conducta

El procedimiento en psicoanálisis, en sentido figurado, es como escarbar para remover y descubrir los rastros que se encuentran en la memoria del sujeto, para desde ahí dar explicación al porqué de sus conductas y afectos, pues la concepción del aparato anímico creado por Sigmund Freud nos permite suponer que esto último es resultado del pensamiento en lo más profundo del alma. Por ejemplo: con el método psicoanalítico elucidamos el porqué de las conductas delictivas de un ciudadano, cómo es que llega a permitirse o autorizarse a cometer un crimen, a trasgredir la ley.

El entretejido del alma

La infinidad de historias que cada individuo me relató en aquella población penitenciaria que durante algunos años visité, me permitió observar la manera en que se reforzaron las vivencias, unas con otras; es decir, a explicar cómo se enlazaron elementos de su psique al paso del tiempo. Por otro lado, fui partícipe de cómo la escucha profesional les reveló en muchos casos las causas de su actuar.

Otros ejemplos comunes de las referidas marcas impresas en lo psíquico, suelen ser el temor o la angustia. En la escucha psicoanalítica también se descubren los motivos menos avistados en asesinatos perpetrados por miedo u horror ante determinada situación y que generalmente son cosas que la persona no tiene consciente, ya que están entretejidas, tatuadas de forma invisible en un lugar inespecífico del alma. Sin embargo, están ahí, permanecen vigentes y al momento en que una vivencia se conecta, brotan abruptamente, en ocasiones dejando la impresión que no hay razón alguna, causando muchas veces desconcierto al poseedor de tal “incógnita”.

Otro ejemplo

Escuché la vivencia de una niña (contada por su madre, en su presencia como si fuera una broma) que se perdió en un centro comercial cuando casi cumplía tres años de edad y al no tener a la vista a su mamá, de quien no se percató cómo se alejó, empezó a llorar fuerte y desesperadamente; miraba hacia todos lados y aunque algunas personas trataban de tranquilizarla, nada la consolaba ni calmaba; gritos que se agudizaban cada vez más. Dicha vivencia dejó en el alma no solo el recuerdo, pues lo que la niña años más tarde pudo comunicarme, fue el cúmulo de pensamientos y afectos que se fueron anudando en la relación con su madre, donde cobró relevancia la mirada y las tonalidades de la voz, pues ella reaccionaba de determinada manera -sin saber el motivo- ante ciertas maneras en que ella consideraba era mirada por los otros.

Estas marcas que les he descrito son lo que Freud llamó huellas mnémicas, constructo teórico del que se sirvió para esclarecer lo que descubrió en su experiencia clínica y que decidió compartir a quienes quisieran saber los secretos ocultos en el alma.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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