Un día con sabor a Padre

Por Alejandro José Ortiz Sampablo

Al momento de escribir la presente nota, me encontré con una dificultad que a decir verdad, no pensé tenerla. Aun cuando en la mayoría de ocasiones la escribo en las últimas horas a la entrega, lo que asentaré en ella lo elaboro en los días que la anteceden. Para esta ocasión tenía pensado dos temas, pero al sentarme frente al computador, vino a la memoria que hace tiempo no escribo de los acontecimientos notables en el calendario, así que decidí retomarlo para este Día del Padre.

Ayer por la tarde, al salir de su clase, le pregunté a mi joven Héctor qué se le antojaba comer; él cumplió los 15 años en este 2021 y le sigo diciendo de la misma manera que mi padre se refería a mí cuando era yo un niño, mi muchitito. Su respuesta me tomó por sorpresa: "No papá, hoy vamos a donde a tí se te antoje; mañana es el Día del Padre". Eventualmente, siempre se me antoja algo, pero en ese momento no supe qué decir y solo lo abracé. Ya que andábamos en el andador de Alcalá, fuimos a un restaurante con una terraza hermosa, donde comimos y charlamos.

El festejo del Día del Padre se instauró el año de 1910 en nuestro vecino país del norte, y a pesar de que en los 50 la celebración se comenzó a generalizar en las escuelas de México, he de confesar que no tengo recuerdo de ella, hasta entrado en mi juventud. Hoy podemos tomar el calendario y observar que para cada día hay un “día de…”, algunos rayan en lo absurdo, pero seguramente tienen su razón de ser.

Podríamos decir que en ocasiones la vida nos presenta ciertas injusticias, entre ellas bien entraría el mencionado día, pues a pesar de que hay hombres que se toman en serio el ser padre, por regla general la gran mayoría, al menos acá en nuestro amado país, dejan mucho qué desear. Creo, entre el festejo, los hombres que somos padres podríamos tomarnos un tiempo para la reflexión, pues es precisamente el hecho de ser hombre lo que generalmente se opone a que éste cumpla su cometido en lo social, formar ciudadanos con valores. En otras ocasiones he mencionado que los hombres tenemos algo en contra, si queremos alcanzar la honorabilidad, que en el desarrollo psíquico nos quedamos en el estrato más bajo donde reina el principio de placer-displacer, el cual anudado con el placer de órgano, lleva a que muchos hombres dirijan su vida desde ahí, lo que por consecuencia resulta en hombres canallas.

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