Pueblos afromexicanos de Oaxaca luchan por su reconocimiento

TRAS AÑOS DE OLVIDO

Actualmente en Oaxaca habitan más de 196 mil personas que pertenecen al pueblo afromexicano, no obstante, para el artista plástico Iván Hernández Piza, originario de Collantes, Santiago Pinotepa Nacional, han sido objeto de discriminación, tanto en el sector político como en el social. 

Indicó que los afrodescendientes han sido objeto de malos tratos e incluso autoridades los han cuestionado y señalado como originarios de Guatemala, Honduras y demás países de Centroamérica. 

Considera que no se le ha dado el lugar que merece el pueblo afromexicano en la historia no solo de Oaxaca, sino también de México. Aseguró que es necesario recordar a Vicente Guerrero, primer presidente del país con raíces del pueblo africano. 

Hernández Piza aseguró que es necesario continuar con la lucha que comenzó su pueblo en defensa de sus orígenes, cultura y tradiciones, misma que ha sido reforzada por parte de diversas organizaciones surgidas dentro de este mismo movimiento. 

Su lucha, una lección

Para Natalia Gabayet González, antropóloga, afirmó que “esta lucha local que están llevando a cabo por su reconocimiento, nos da una lección como nación contra la desigualdad y el racismo, que por supuesto los pueblos indígenas, los pueblos originarios también han vivido.

“Debe haber una mayor atención a esos temas: salud, educación y justicia, y por supuesto una educación con pertinencia cultural y que eso obviamente pues son exigencias desde los propios pueblos negros, por ejemplo, es el caso del Encuentro de Pueblos Negros, que es un evento anual que se organiza y donde son expuestas todas estas demandas, exigencias, necesidades e intereses”, afirmó.

Gabayet González aseguró que la sociedad hegemónica, más blanca que mestiza “lo que ha hecho es subyugar a los otros, a esta diferencia, tratar de borrarla, invisibilizarla y homogeneizar la cultura”, lo que para ella realmente significa pobreza, pues se pondera la riqueza material y no la riqueza cultural, además de no permitir que la riqueza cultural tenga acceso a una riqueza material. 

Un pueblo en búsqueda de la libertad

La autora del libro “El Tigre Escondido. Memoria ritual de los pueblos negros de la Costa Chica”, declaró que este segmento de la población, que habita tanto en las costas de Oaxaca como de Guerrero, a su llegada establece una lucha por “librarse del sometimiento, librarse de la esclavitud y a través de esta fuerza poderosa, crear una cultura nueva. En este proceso de creación cultural tan poderoso, toma los elementos y se adaptan a las condiciones con las que fueron introducidos en esta región” y entra en contacto con las comunidades originarias, con quienes establecen un intercambio cultural, del cual emergen ellos mismos. 

Asegura que al igual que las comunidades indígenas, el pueblo afrodescendiente realiza un “proceso político de reivindicación étnica que tiene que ver con un reconocimiento como un grupo cultural diferenciado”. 

Crítica a la Guelaguetza

Para la antropóloga Natalia Gabayet González, la Guelaguetza representa un ejercicio alejado de los derechos culturales por los pueblos indígenas de Oaxaca. Afirma que se trata de “una construcción comercial para hoteleros y comerciantes de la ciudad de Oaxaca, que utilizan estos símbolos de lo indígena como un atractivo turístico; esos no son derechos culturales, esas son herramientas de turismo”. 

Considera que es preferible el “acceso a una educación con pertinencia cultural, acceso a la salud con pertinencia cultural y posibilidades económicas en lo local, con justicia y dignidad, y que puedan hacer uso de su territorio y de su medio ambiente, de la mejor manera, tanto para mantener un equilibrio, como para servirse de ello, sin que sea gente de afuera que explota, por ejemplo, sus playas”. 

Finalmente aseguró que existe una avasallamiento de los territorios de la Costa Chica por personas que vienen de fuera, que no realizan una inclusión igualitaria a nivel económico, con los pueblos que están alrededor, pues les compran las tierras, construyen complejos y dan trabajo, en lugar de hacer socios a los habitantes de esta zona.