El baile de las espuelas en la Octava de Corpus; Zoques de Tuxtla Gutiérrez realizan el Tonguy-Etzé

René AraujoRené Araujo

El jueves siguiente al Jueves de Corpus Christi, los zoques de Tuxtla Gutiérrez celebran la Octava de Corpus con el Tonguy-Etzé o baile de las espuelas. Hombres y mujeres tienen participación.

De acuerdo con el costumbre, la Octava de Corpus no es una fiesta propiamente, sino que únicamente realizan el baile y recorren casas e iglesias; aunque también ofrendan. “La versión tradicional zoque se remonta a la época colonial, periodo en el que la iglesia católica la retomó y adaptó como medio para ganar fieles; es por eso que es un baile que se ejecuta exclusivamente en honor al Santísimo Sacramento del Altar y los participantes bailan al ritmo de un son tocado con guitarras y jaranas”.

Carlos Navarrete, en Un escrito sobre danzas zoques de antes de 1940, refiere al "Tongüietzé o de la Espuela": "Lo bailan cinco hombres y quince mujeres, con violin y guitarra. Las mujeres visten nahuillas coloradas a cuadros y sombreros de pelo de alas anchas. Los hombres llevan puestas, sobre sus calzones de manta, unas calzoneras de gamuza (lakamandok), cotón blanco de algodón y espuelas en los talones. La característica principal consiste en hacer sonar las espuelas juntando fuertemente los talones. Todas estas danzas tienen su música propia".

En el recorrido realizado el jueves 10 de junio en la capital chiapaneca, se observa el baile ejecutado por parejas mixtas; se colocan en dos filas, una de hombres frente a la de mujeres. La música que acompaña la danza es de jarana y guitarra ,y consta de 12 sones pertenecientes al género de los “zapateados”. La ejecución completa de los sones se hace solamente al levantar y terminar la danza en la casa del prioste, y ocasionalmente en la casa en donde se come, como agradecimiento. En el resto de las casas se bailan solamente entre dos y cuatro sones.

El paso del baile es un zapateado característico, acompañado por el tintineo de las campanillas que llevan las espuelas. Al cambiar de son, los danzantes entrechocan sus espuelas girando los tobillos y apoyándose en las puntas de los pies, a la vez que intercambian lugar con su pareja. Los danzantes van gritando “vivas” al Santísimo Sacramento, al baile, a los cargueros y a los dueños de la casa.