Esto fue lo que sucedió en la masacre en Jartum

En la madrugada del lunes 3 de junio de 2019, fuerzas paramilitares atacaron un campamento de protesta situado frente a la sede del Alto Mando del Ejército en Jartum, Sudán, dispararon en forma indiscriminada contra los manifestantes y pusieron fin a seis meses de revuelta social en gran medida pacífica contra el gobierno militar y en oposición al aumento de los precios de los productos básicos.

Fueron asesinadas 100 personas y 40 de cuyos cadáveres fueron arrojados al río Nilo, al menos 500 civiles desarmados resultaron heridos o arrestados, 70 mujeres y hombres fueron violados.  

La revuelta social

El campamento de protesta frente al Cuartel General del Ejército se había convertido en el centro neurálgico de la revuelta social sudanesa, donde estudiantes y trabajadores estaban concentrados para protestar contra el régimen militar desde comienzos de abril.

Sudán tenía a inicios de 2019 una inflación de alrededor del 70%, superada solo por Venezuela. Eran comunes las largas colas para adquirir productos básicos como la gasolina y el pan. El 11 de abril de 2019 las Fuerzas Armadas de Sudán obligaron a dimitir al entonces presidente Omar al Bashir en medio de un golpe de Estado, lo retuvieron en prisión domiciliaria, y tomó el control del país el llamado Consejo Militar de Transición (CMT).

Encabezada por la Asociación Profesional Sudanesa, la confederación de sindicatos que el régimen había declarado ilegal, la revuelta social conservó un carácter no violento y bien organizado, y culminó con una huelga general de dos días a finales de mayo.

Sin embargo, dos meses después de las manifestaciones iniciales que obligaron a dimitir al dictador Omar al Bashir, los inconformes seguían reclamando la misma demanda principal: poner fin al gobierno militar en Sudán y formar un gobierno civil de transición que organizara elecciones libres y democráticas.

Las negociaciones con el Ejército se estancaron, pues los militares se negaron a perder el control. El ataque del lunes 3 de junio del 2019 estuvo dirigido por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), una unidad controlada por el Estado, derivada de los Yanyauid, una milicia responsable de crímenes de guerra.  

Extienden la represión

Después de asaltar y masacrar brutalmente a los manifestantes de Jartum, las FAR se trasladaron a los barrios periféricos, donde también se habían producido manifestaciones contrarias al régimen y se seguían concentrando inconformes, a fin de continuar dispersando, golpeando y disparando contra los activistas.

Las FAR también atacaron tres hospitales de Jartum, disparando contra manifestantes heridos que habían sido llevados allí para curarlos.

En el Royal Care Hospital, al día siguiente, los soldados obligaron a 50 manifestantes heridos a abandonar el hospital y detuvieron a uno de los médicos, que había formado parte del equipo médico del campamento de protesta.

Otros campamentos de protesta en diversas ciudades de todo el país, incluida la de Port Sudan, en el norte, y Gadarif y Sinja, en el este, también fueron atacadas por las FAR. En una nueva demostración de fuerza, el Ejército impuso el bloqueo de Internet, paralizando la mayoría de servicios telefónicos y en línea de todo el país. 

El propósito de la masacre de Jartum y la represión siguiente fue dispersar a los manifestantes, poner fin al campamento de protesta central y anular la reivindicación de la gente de quitar el poder al Ejército.

Fuerza represora, con apoyo de Europa y EU

Cuando estuvo en el poder, el dictador Omar al Bashir creó en 2003 la predecesora de las FAR, la milicia de los Yanyauid, que sería el principal instrumento del gobierno en su guerra contra la región de Darfur, que fue una confrontación militar con motivaciones raciales entre árabes y negros.

Los dos años que siguieron a la creación de los Yanyauid fueron testigos de los máximos niveles de violencia en Darfur, con más de cien mil personas asesinadas y hasta dos millones de víctimas de la limpieza étnica.

La política de tierra quemada de Al Bashir en Darfur dio pie a la solicitud de detención del dictador, acusado de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Casi una década más tarde, en 2013, Al Bashir reconoció formalmente las FAR y nombró jefe de esta unidad a Mohamed Hamdan Dagalo (general Hemedti), quien había ascendido en las propias filas de los Yanyauid.

La milicia había pasado de ser una fuerza paramilitar sectaria a convertirse en una milicia oficial, subordinada formalmente al régimen militar. Hemedti, jefe de las FAR, también asumió como vicepresidente del llamado Consejo Militar de Transición (CMT).

En 2014, las FAR recibieron la misión de controlar la migración, colaborando con la iniciativa de Europa cuando comenzó a cerrar el paso a los migrantes que enfilaban hacia ese continente procedentes de África y Oriente Medio.

Un año antes de que Europa se centrara en Turquía para frenar la migración procedente de Siria e Iraq, procuró detener el flujo de migrantes a través de Sudán, y lanzó lo que se llamaría el Proceso de Jartum, destinado a impedir que migrantes africanos accedieran a Europa.

Las FAR se desplegaron para cerrar el paso a los migrantes de diversos países que pretendían cruzar Sudán.

Encargadas de detener y deportar a centenares de migrantes, las FAR recibieron 250.000 dólares para criminalizar a los migrantes a petición de Europa. De este modo, el racismo antiinmigración europeo contribuyó a profesionalizar el terror que en Jartum se volcó sobre los manifestantes civiles.

La masacre del 3 de junio se produjo apenas unos días después de que los dirigentes del CMT, el general Abdel Fatah Abdelramán al Burhan y su vicepresidente, el general Hemedti, asistieran a una serie de reuniones, convocadas por los saudíes en La Meca, con la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo.

La confrontación con Irán, en parte a instancias de Estados Unidos, dio pie al apoyo activo al Consejo Militar de Transición (CMT) por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias de la región y frenó las aspiraciones democráticas del pueblo sudanés.

El baño de sangre de Jartum se programó bajo la supervisión y con el visto bueno de las potencias regionales.

Aunque Estados Unidos haya emitido declaraciones condenando los excesos de la violencia contra civiles en Jartum, esto no representó su apoyo a la revuelta popular.