Con la revolcada de los Tigres termina la fiesta en Suchiapa

Beto Moreno Beto Moreno

Es domingo y, en la ermita, las mujeres se organizan para cumplir el fin de su cometido dentro de los festejos al Santísimo Sacramento del Altar. En Suchiapa es día de la revolcada de los tigres; una forma para despedirse y terminar con el ritual de la danza del Calalá.

El Son del Llanito o el Corrido se escucha aún en distintos hogares; hombres, mujeres y niños aprovechan los distintos momentos del día para ofrendar y dar su agradecimiento a Corpus Christi; mientras les dura la fuerza, el Calalá, los Tigres, el Gigante, el Gigantillo y los Chamulas bailan. Las Reinitas ya no tienen participación este día. A las seis de la tarde, aproximadamente, la danza completa se reúne en la ermita para llevar a cabo la revolcada de los tigres. Se trata de un “momento íntimo; el más profundo del ritual; se realiza al interior de la ermita, ante la presencia de los miembros de la cofradía y de muchas personas”. Los danzantes ofrecen su manda.

Mientras un grupo danza en el interior de la ermita, el otro hace lo propio afuera. El bullicio y la nostalgia crecen. Los danzantes esperan su turno para hacer azotados por el Calalá. “ El fuego de las velas se fusiona con el calor de los cuerpos de los danzantes y de los espectadores. El sonar de los tambores hace de este momento algo fuera del tiempo y del espacio lineal. Es un instante suspendido en el vibrar de la música”, narra Yolanda Palacios.

Cuando todos los Tigres cumplen con su manda se colocan de pie con reliquias en mano, avanzan hacia el altar y se tienden en el suelo para rodar sus cuerpos hasta la salida del ermita. Uno detrás de otro forman una alfombra de color jaguar en movimiento, convulsa, vital; detrás viene el Gigante, el Gigantillo y el Calalá. El colmenero se escucha. Es el último día de fiesta en Suchiapa.