"Una rosa sola": un diálogo de aplastante belleza entre vivos y muertos

Un mundo extraño, exquisito y a la vez frío, lleno de naturaleza y a la vez ajeno; ese es el Japón desconocido al que se enfrenta Rose al llegar a Kioto, la fascinante ciudad centenaria donde vivió su padre, un japonés del que nunca supo nada hasta ahora que ha muerto, y su testamento es lo que la ha llevado hasta allí. Es la trama de "Una rosa sola" (Seix Barral), la novela más reciente de Muriel Barbery.

La autora de "La elegancia del erizo" nos remite en esta novela a sus obras más famosas con su atención a los detalles, a la experiencia sensorial y a la singularidad de sus personajes. Esta entrega es elegante y delicada como un haiku, evocadora y sensorial como un largo viaje: el exitoso retorno a la narrativa contemporánea. 

En esta historia, Rose, parece ausente de su misma vida, incluso de la felicidad. Su infancia, marcada por la melancolía suicida de su madre y la presencia de su abuela, la única que sabía algo sobre su padre, la ha predispuesto al vacío emocional, a una insensibilidad que no parece conmover ni la belleza de las flores y plantas que estudia, y tampoco el desafío de entender el misterioso legado de su padre.

Mientras Rose comprende poco a poco quién era su padre, cuánto la amaba y que se limitó a respetar el deseo de la madre de Rose de no intervenir nunca en sus vidas, descubrirá también la belleza de la cultura japonesa y se abrirá de nuevo a la alegría del amor.

El ancestral refinamiento de la poesía japonesa sirve de hilo conductor a "Una rosa sola". Muriel Barbery nos presenta una trama compleja que se desenvuelve en un entorno donde la perfección enmascara la agonía y la pasión, la angustia de estar vivos y, sólo escapar a ello, puede abrirnos a nuevas oportunidades.

Conócela

Muriel Barbery (Casablanca, Marruecos, 1969) estudió en la Escuela Normal Superior de Fontenay-Saint-Cloud y obtuvo su agrégation en Filosofía en 1993. 

Fue profesora de Filosofía en la Universidad de Borgoña, en un instituto y en la escuela de profesores de Saint-Lô. Obtuvo una beca de residencia para la Villa Kujoyama, en Kioto, ciudad en la que residió dos años. 

Es autora de Rapsodia Gourmet (2000; Seix Barral, 2010), galardonada con el Premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande, y La elegancia del erizo (2006; Seix Barral, 2007), un éxito internacional que obtuvo, entre otros, el Premio de los Libreros Franceses.