Hospitalizadas por COVID-19 pasan el Día de las Madres lejos de sus seres queridos

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

La perforación del apéndice de Esperanza evitará que disfrute la fiesta que su hija había preparado en casa.

Esperanza no escuchará este lunes el mariachi que pagó anticipadamente su hija Alma; la perforación del apéndice de la madre anuló la pequeña celebración que le habían preparado en su casa, a donde no ha vuelto desde hace ocho días porque debió ser intervenida de urgencia.

Su esposo Andrés tiene fe que Esperanza deje el hospital público en la Ciudad de Oaxaca para darle el arreglo de flores que tenía contemplado por el Día de las Madres.

Su hijo Antonio será el encargado de entregarle el celular que adquirió con la cooperación de su hermana y su papá para sustituir "el cacahuatito" que sólo sirve para hacer llamadas.

"Que mi hija esté conmigo desde el domingo (2 de mayo) es el mejor regalo, se extraña estar en casa, pero no me puedo ir hasta que mi estómago pueda procesar alimentos sólidos, así que estoy a pura dieta líquida", externa una mujer de 58 años que por primera vez en sus 25 años de mamá pasa un 10 de mayo en un hospital.

Paulina tampoco pensaba estar hospitalizada este Día de las Madres y aunque desde hace 10 años vive sola, no quisiera que sólo su hija Marisol se encargue de sus cuidados por la fractura de la tibia de la pierna derecha.

"Tuve una hija y un hijo que es más grande, pero a ese parece que le valgo, no ha viajado para venir a verme y ayudar a su hermana", expresa claramente una mujer de 61 años acostumbrada a hablar con fuerza, casi a gritos.

 Lejos de casa 

Es domingo y en el piso de cirugía las visitas no están permitidas, sólo la permanencia de un familiar que debe estar atento las 24 horas por si él o la paciente requiere ir al baño, asearse o caminar para demostrar mejoría.

En los últimos días Antonia almuerza, come, cena y duerme afuera del área de urgencias, porque su padre Lorenzo no podrá ser dado de alta hasta que sus niveles de hemoglobina no se estabilicen.

Ella es madre de una niña de seis y un niño de ocho que quedaron a cargo de su esposo Leonel, pues la semana pasada debió viajar de su comunidad en la región de la Cañada porque en el pequeño "hospital" no podían hacerle las transfusiones a Lorenzo.

"Si extraño a mis hijos que cada que les llamo no hacen más que preguntar cuándo volveré a casa, pero me tocó cuidar a mi papá, soy la única que puede hacerlo", dice alejando cualquier sentimiento de culpa porque como muchas madres que se sobreponen a la enfermedad en un hospital no podrán festejar el 10 de Mayo.