Los ángeles y la Madre-Diosa-Mujer

La energía de los ángeles está ligada a la energía de la madre, de esa a quien podemos confiarle todo; la madre naturaleza o humana está aquí para recibir nuestras confidencias, para escucharnos y darnos seguridad, teniendo fe y confianza en ella, pues el amor de madre solo circula en la irradiación de la Luz y la Fe, ella nos ayuda a desarrollar nuestra naturaleza.

En todas y cada una de las mujeres  se encuentra una madre, pues sin necesidad de haber dado a luz a un hijo, somos causa y origen de alguna cosa; por eso se le da ese título a la madre naturaleza, a algunas religiosas, al terreno por donde corre un río, a las heces del vino, a la cepa de los árboles cortada a flor de tierra, etcétera.

Dios, conformado en ying-yang, masculino y femenino, dotó a la tierra de su parte femenina para que germinara, para que diera vida y origen y que al aparecer el hombre, apareciera también su contraparte la mujer, y esta diera origen a nuevos conocimientos, conceptos y llegara a convertirse en Diosa- Madre, en la medida de su Divinidad.

Para profundizar este concepto nos remitimos a la Europa prehistórica, es decir, entre 35 y 25 mil años antes de la edad actual, época en que se han rescatado cabezas de mujer de unos 4.8 centímetros en Checoslovaquia, que se piensa representaban a la gran  Diosa, Madre tierra, Mut o Doni, deidad que concentraba todos los atributos femeninos posibles, dadora de vida, dadora de placer, gran sanadora; pero también capaz de proferir grandes castigos a quien la desafiaba, y esa gran diosa todavía está presente en nuestro inconsciente colectivo y es el primer paso para imaginar la totalidad.

Algunos piensan que al desarrollarse la civilización y el dominio masculino, esta gran diosa es fragmentada y da paso a las diosas griegas, y así a Hera le otorgaron el matrimonio, a Demeter la maternidad, a Artemisa la naturaleza, a Afrodita los misterios del amor, etcétera.

Por esto, en nosotras existen una o varias diosas que coexisten en armonía y el conocerlas nos lleva a conocernos más, porque podemos amar profundamente como Hera, trabajar con un sentido como Atenea y ser sensuales o creativas como Afrodita.

Así, los ángeles nos enseñan a ver el poder femenino y la belleza a nuestro alrededor; y a desarrollar esto dentro de nosotras como mujeres y madres como fuente de armonía, a eliminar los esquemas de no-perdón y de no- amor; nos ponen frente a los juicios de nosotras mismas y permiten que busquemos las causas, los puntos de partida de esas energías y pongamos en la conciencia uno por uno de los momentos importantes, donde nos cerramos a la belleza y al amor.

La armonía es el objetivo que se busca y los ángeles nos ayudan a concebir las relaciones humanas de otra manera con cooperación y ayuda mutua.

Abrirnos a nuestra Madre interior es ocuparnos de nosotras mismas e innovarnos con las nociones de fecundidad, abundancia y prosperidad a través de la noción de creación; también es abrir las puertas de la fertilidad y la receptividad; y dar y recibir.

Finalmente, es crear el movimiento perpetuo de la vida.