Ladrona y asesina de bebés: ella es Georgia Tann

En Memphis, Tennessee, en las décadas del 30 y 40, Georgia Tann detectaba a mujeres de clases marginadas, que fueran susceptibles de ser presionadas para ceder a sus hijos en adopción a familias adineradas.

Pero llevó este modus operandi a extremos inimaginables, pues hasta robaba a recién nacidos y mataba a aquellos que 'no le servían' a sus perversos planes.

Tráfico ilegal de 5 mil niños

Georgia Tann tenía una perfecta doble vida: en la alta sociedad de Memphis era vista como una gran benefactora y su fama fue tal que llegó a dictar conferencias en Washington, Nueva York y otras importantes ciudades sobre el tema de su especialidad: la adopción. 

Más aún, la propia Eleanor Roosevelt, primera dama de EU de 1933 a 1945, la consultaba en materia de bienestar infantil y fue invitada por el presidente Harry Truman a su ceremonia de asunción.

La prensa la señalaba como una "destacada eminencia en materia de leyes de adopción".

Cuando la verdad salió a la luz, en 1950, Georgia Tann fue descrita como una ladrona de bebés, abusadora de niños y hasta asesina serial.

De 1924 a 1950, Georgia Tann dirigió la Sociedad Hogar de Niños de Tennessee, que era, en realidad, nada más que la fachada de un tráfico de menores que abarcó a unos 5.000 recién nacidos y niños que eran vendidos a familias pudientes a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Tann pudo aprovechar la falta de regulaciones para borrar las huellas del origen ilegal de esos niños -en su mayoría robados- y hasta aparecer socialmente como una pionera de la promoción de la adopción en su país. 

Pudo hacerlo, además, porque contó con una red de complicidades entre políticos, funcionarios, médicos y enfermeras.

Engaño, manipulación y hasta intimidación para quitarles a madres indefensas o incluso a parejas pobres a sus niños; y soborno para obtener la protección de altas autoridades para su negocio.

Uno de sus padrinos fue el demócrata Edward Hull Crump, alcalde de Memphis entre 1910 y 1916 y luego diputado por Tennessee, y hasta 1950 el político más influyente en el estado. No hubo una investigación exhaustiva que permitiera establecer si Crump era o no consciente de la verdadera naturaleza de las actividades de Tann, pero su amistad sin duda fue una protección para ella.

Quien sí fue un eslabón esencial de la cadena fue la jueza de Menores Camille Kelly, que le proveyó a Tann muchos de los niños que ella "dio" en adopción.

Por años, estos delitos permanecieron impunes y ocultos a la mirada pública hasta que se fueron acumulando agravios, quejas y denuncias y finalmente se abrió una investigación en regla. 

Georgia Tann se había dedicado tempranamente a las tareas sociales, pero como no sentía la menor empatía por los desfavorecidos, lo encaró como un negocio, sin más.

Hasta 50 niños murieron en una ocasión

Su modus operandi era colocar en adopción a los niños "viables", sacando el mayor provecho monetario posible, y "eliminar" a los que, por enfermedad o por no entrar en los estándares solicitados, se convertían en una carga.

"El nuestro es un proceso selectivo. Seleccionamos el niño y seleccionamos el hogar", decía en sus conferencias. En los "pedidos" que tomaba, Georgia Tann llegaba hasta a especificar requerimientos tales como color de ojos y cabellos, raza, etcétera.

De todos los niños que pasaron por sus manos, los más "afortunados" fueron vendidos a familias ricas; otros eran también vendidos pero para tareas domésticas o mano de obra en el campo. Otros fueron abusados y muchos descuidados y dejados morir. 

Para cuando se instaló en Memphis en una gran casa con jardín, Georgia Tann compartió su vida con otra mujer, que se convertirá en su cómplice, Ann Atwood Hollinsworth.

Algunos atribuyen a su acción el incremento de la tasa de mortalidad infantil en Memphis, en contraste con el resto del país.

No es posible saber cuántos niños mató Tann, por acción u omisión, entre 1924 y 1950, pero se sabe que en el invierno de 1945, fallecieron 50 niños que estaban a su cuidado por un brote de disentería.

Sus 'clientes' eran de la alta sociedad

Parte del buen nombre de Tann venía del hecho de que la mayoría de sus clientes pertenecían a la alta sociedad o eran famosos. Ella vio una oportunidad de mercado en aquellas parejas pudientes que no podían concebir en tiempos en que los tratamientos de fertilidad no estaban tan desarrollados como en la actualidad. Esa fue la franja a la cual apuntó, incluyendo a varias parejas de Hollywood.

Tann destruía progresivamente los legajos de los niños cuya adopción tramitaba -o que quedaban bajo su custodia- y no hacía ningún seguimiento de las familias adoptantes.

Detrás de esta benévola organizadora de un hogar de niños en Tennessee había un verdadero monstruo, incapaz del menor sentimiento hacia los niños que tuvieron la desgracia de pasar por su "hogar" ni por las madres a las que se los quitaba. Tampoco dudaba en separar a los hermanitos si eso facilitaba su venta y por lo general trataba de enviarlos lo más lejos posible de su lugar de nacimiento.

Muchos de los pequeños de los que se apropiaba eran ilegítimos y con frecuencia Tann les hacía firmar a sus madres acuerdos de adopción cuando aún estaban bajo efectos de calmantes en el post parto. Con su aspecto de abuelita, parecía incapaz de hacer daño a nadie. Inspiraba confianza. Y si no, simplemente las amedrentaba, presentándose con alguna clase de autoridad. La suficiente como para intimidar a madres desamparadas, solas, asustadas.

A parturientas pobres les ofrecía cuidar de sus niños hasta que estuvieran en condiciones de hacerlo ellas mismas. O los robaba directamente de las maternidades con el viejo cuento de que el niño había fallecido.

"Sólo tiene que firmar este papelito", le decían a la pobre madre. Y no volvía a ver a su bebé nunca más, porque éste sería vendido o, si nadie lo deseaba, abandonado y maltratado hasta la muerte.

Tann llegó al extremo de robar directamente niños en plazas, parques o a la salida de la escuela; los secuestraba y se los llevaba en un automóvil. Lo que da una idea del sentimiento de impunidad que tenía.

Estas actividades se prolongaron por 26 años. En 1950 una investigación oficial llevó a la clausura de la casa siniestra, pero Tann murió de cáncer ese mismo año, antes de poder ser llevada ante la justicia.

Tres días antes de que el gobernador de Tennessee revelara a la prensa quién era realmente Tann, ella falleció el 15 de septiembre de 1950.