Solicitud de amistad: La respuesta

Antes y después de Renato Sofía vivió otros amores, tranquilos unos, apasionados otros, pero solo con él se sintió mujer amada, plena.

-Hola Sofía que grata sorpresa, ¿cómo estás?

Una y otra vez, Sofía ha leído y releído el mensaje que responde a la Solicitud de amistad que acaba de enviar. Está temblando de emoción, una sensación de calor la sofoca y siente incluso que la cabeza le da vueltas. Se recarga en el respaldo de la silla, cierra los ojos mientras repite suave y lentamente: “Re-na-to”. Ella recuerda que, aunque la noche de los dos se dispersó en el viento hace ya tantos años aun puede dibujar en su mente el rostro amado con la sonrisa que la cautivó, percibir el aroma de su piel y sentir las manos apasionadas que navegaron por las aguas de su cuerpo.

Antes y después de Renato Sofía vivió otros amores, tranquilos unos, apasionados otros, pero solo con él se sintió mujer amada, plena. En sus brazos pudo entregarse libre, sin prejuicios, a los deleites y placeres que otras relaciones no le proporcionaron. Juntos supieron fluir con las
fantasías y deseos que sus cuerpos anhelaban, acunándose uno al otro como niños desamparados para volverse enseguida felinos, en encuentros ardientes y amorosos.

Sofía, visita ahora el recuerdo de aquellos días tratando de entender por qué, después de tantos años y vivencias, el rostro de Renato sigue ahí tan nítido, y pareciera que solo tendría que levantar sus manos para atraparlo. Con él no paseó por las calles tomados de la mano o abrazados, no recibió flores ni regalos, ni juraron amarse eternamente y, sin embargo hasta este día, lo vivido con él es y será el recuerdo de la entrega en plenitud de sus deseos.

Sofía se endereza en la silla y vuelve a leer una vez más el mensaje frente a ella, tiene que tomar una decisión: contestarlo o borrarlo, pero antes, recuerda su propia imagen frente al espejo. Ya no tiene la edad de entonces, hace tiempo que rebasó con mucho las seis décadas, su piel ya no es suave, en sus ojos ya no hay llamas que denuncien la hoguera de un corazón ardiente, su cabello y sus pasos pausados son la muestra del inexorable correr de los años. Está consciente de que en Renato, recién estrenados los sesenta, también el tiempo debe estar dejando huellas pero, tal vez para retrasar su decisión, se dice: “Él se verá más joven que yo, no tengo duda”.

De pronto se da cuenta que no solo le inquieta lo físico, sino tal vez enterarse de que Renato está casado, tiene hijos y responsabilidades que no podría abandonar, porque ella en su interior, guarda una diminuta llama de esperanza para vivir una nueva relación con él. Intentando armarse de valor para continuar, Sofía se dice que nadie la ha obligado a llegar hasta aquí y que contestar el mensaje no compromete a nada, ni a uno ni a otro, y, por el contrario, si decide no contestar, siempre quedará en su mente la duda de que tal vez hubieran podido reencontrarse. Así que ignorando su nerviosismo de adolescente, que le hace recordar las mariposas de la juventud, coloca sus dedos sobre el teclado y empieza a escribir:

-Renato, que gusto leerte y saber de ti después de tantos años, ¿cómo estás?

 

“Sofía se endereza en la silla y vuelve a leer una vez más el mensaje frente a ella, tiene que tomar una decisión: contestarlo o borrarlo”.