Padres de familia protegen escuela de Coyotepec contra robos, pagan por vigilancia los 365 días del año

Emilio Morales Emilio Morales

Para Marcela Castellanos, su esposo Gumecindo Simón y su hijo Fernando Simón, cuidar las instalaciones de la Escuela Primaria "Constancia y Progreso", de San Bartolo Coyotepec, de día y de noche, ha hecho que se convierta como en su casa.

Desde años atrás, padres y madres acordaron que cuando se acaben las clases siempre exista vigilancia en la escuela. Con el inicio de la pandemia se siguió con la misma dinámica.

“Está a resguardo toda la institución, se encargan del cuidado del arbolado y cualquier incidencia la reportan inmediatamente a la policía municipal porque la señora Marcela cuenta con un radio”, explicó la presidenta del comité de padres y madres de familia, Verónica Pérez Sosa.

El pago lo cubren los padres y madres, quienes tienen la opción de hacer de 3 a 4 guardias diarias por año.

Doña Marcela, su esposo y su hijo están al pendiente todo el día, de día y de noche, lo que implica que vivan ahí, aunque su casa la tienen a unos metros, en la misma calle.

Con la tranquilidad de haber vivido ya 72 años, la señora Marcela admite “casi aquí es mi casa, esta enfermedad (COVID-19) tiene más de un año, pero yo tengo 12 años de estar acá en la escuela, trabajando”.

Es por ello que su presencia impide que “entre alguien a llevarse las cosas”, sobre todo el equipo de computo.

Su esposo Gumecindo no puede evitar olvidarse de la escoba y no barrer las hojas que el viento tira de los árboles.

Fernando considera que resguardar la escuela donde comenzó a estudiar hace 23 años “es un orgullo”, además que ahí empezó a limpiar cuando le ayudaba a un intendente.

“No es un trabajo como tal, aquí lo poco que se gana es para sobrevivir, pero sí es un orgullo que aquí donde estudié, estoy apoyando, porque no hay un sueldo fijo”, expresa mientras lava los sanitarios.

El comité de madres y padres de familia ya analiza realizar un pago extra para que Fernando se encargue de limpiar el interior de los salones que se han llenado de polvo a pesar de estar cerrados desde marzo de 2020.