Dialogan la pintura y la fotografía en “El territorio interior”

El diálogo entre las fotografías y pinturas que conforman la exposición “El territorio interior”, muestra la relación entre interioridad y lejanía. Las concepciones de paisaje se contraponen y a veces se unen en los territorios de la intimidad. Un asomo, un espejo, una ventana, esa relación se guarda con lo que se observa y lo que se muestra en un ejercicio de reciprocidad entre el interior y el exterior. El público podrá ver óleos de Pina Hamilton y fotografías de Erika Raynal y Andrea Valencia en una galería ubicada en el centro de la capital oaxaqueña.

Las preguntas: ¿Cuáles son los límites del paisaje? ¿Hasta qué punto nosotros, como espectadores, formamos parte de él? y ¿Hasta dónde un creador, que busca mostrar algo del exterior, está mostrando parte de sí mismo? son lanzadas por Guillermo Santos, autor del texto de sala, quien sostiene que las fotografías y pinturas ponen sobre la mesa esta discusión, esta relación entre interioridad y lejanía.

“Son imágenes que indagan en el espacio, que buscan los puntos de fuga, la línea del horizonte, los grandes surcos, la tierra y la vegetación, el cielo, la hierba. Y, sin embargo, los sentimientos humanos, el ritmo de lo humano demarca estas visiones. Todo guarda la marca personal de su autora”.

Santos destaca que cada una de estas obras tiene una impronta personal, la necesidad de conquistar, de asir la existencia, de tener un dominio sobre lo cambiante, lo ausente, lo que está ya muy lejos: “Cada una de estas tres mujeres tienen una visión por completo diferente de lo que el arte es. Sus prácticas de trabajo, vida, labor cotidiana, edad y procedencia las vuelven diversas. Sin embargo, la coincidencia es la búsqueda de un horizonte donde quepa lo esencial. Una mirada, un pedazo de tierra, una extensión. Y preservarlo del tiempo que huye. Volverlo íntimo”.

Tres miradas

Guillermo Santos resuelve que la fotografía de Andrea Valencia es la fusión de lo humano y lo salvaje, o de cómo estos rasgos no son completamente claros en la experiencia vital: “Hay una necesidad de expresar lo pasional y, al mismo tiempo, declarar la fragilidad del individuo, su carne, su piel, como una hoja en el paisaje”.

Mientras que la mirada de Erika Raynal muestra imágenes que se han encontrado por azar: “que mantienen sencillamente el gusto por el instante afortunado, aunque no dejan de ser enigmáticas, de volverse como preguntas visuales”.

Los óleos de Pina Hamilton son resultado de un trabajo paciente, cada uno de estos paisajes los ha ido recorriendo a lo largo de los años: “su visión nos recuerda a la de los viajeros y naturalistas que, en búsqueda de la descripción de una planta o una piedra, de un detalle, deciden pintarlo todo, quedarse a vivir en el paisaje, habitarlo como se habita una casa”.

Concluye que la relación que el ser humano guarda con los volcanes, con las montañas, con los montes y cerros y barrancas, ha influido nuestra manera de apreciar la naturaleza, ha creado toda una cultura en torno a los movimientos geológicos. “Somos gente de tierra. Algo de todo este aprecio e influencias se demuestra en las obras de estas tres artistas”.