Estructura del Templo Mayor se derrumba por la furia de Tláloc

CIUDAD DE MÉXICO.- La escena es común a cualquier accidente aparatoso a mitad de la vía pública: la zona acordonada, presencia policiaca y un tránsito constante de viandantes y automovilistas que disminuyen la marcha para tomar una fotografía o para tratar de encontrarle sentido al amasijo de fierros doblados que aparecieron en su camino.
 
 A mitad de Donceles, casi esquina con República de Argentina, el corazón mismo de la Ciudad de México, la Zona Arqueológica del Templo Mayor, pareciera haber sufrido un descalabro.
 
 Con su barda perimetral tirada en la banqueta, los restos metálicos de unos soportes que han perdido su forma y con la techumbre verde completamente vencida sobre el patrimonio tenochca, no puede más que pensarse en lo peor.
 
 Desde arriba, en la cafetería de la terraza de la Librería Porrúa, una señora y su familia se asoman desde el barandal para ver cómo, incluso muchas horas después de la tromba de la noche del miércoles, una acumulación de granizo -la culpable del derrumbe- todavía persiste sobre el techo.
 
 "Ojalá que no se hayan dañado las pinturas", suspira ella, adivinando bien que, bajo la estructura vencida por toneladas de hielo, se encuentran los frisos con pigmentos de la Casa de las Águilas.
 
 "¡Se ve terrible!", exclama un muchacho que, a pie de calle, documenta la tragedia con su celular.
 
 El percance se vuelve todavía más ominoso si se piensa que, a pocas semanas de que se conmemoren los 500 años de la caída de Tenochtitlan, la zona arqueológica había podido recibir de nuevo al público, tras un año cerrada por la pandemia.

Hay esperanza, dicen


 Sin embargo, al mediodía de este jueves, en una conferencia de prensa ofrecida en medio de una jornada a contrarreloj para ganarle tiempo a las lluvias, la directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma, y la restauradora Lourdes Gallardo, ofrecen motivos para la esperanza.
 
 "Afortunadamente, les podemos decir que los daños que hemos podido observar hasta el momento, porque el peritaje sigue, son mucho menores a lo aparatoso que se ve el evento desde afuera", explica Gallardo, ella misma visiblemente aliviada.
 
 Si hay alguien a quien agradecerle, exponen ambas, es a Pedro Ramírez Vázquez, el arquitecto del México moderno, cuyo diseño de las cuatro estructuras que protegen los restos de Tenochtitlan cumplió con una última misión.
 
 Ante la tromba del miércoles, la estructura aguantó toneladas de granizo hasta vencerse, pero sin desbaratarse por completo, lo que permitió que la mayor parte de la Casa de las Águilas se mantuviera protegida.
 
 Según explicaron Ledesma y Gallardo, y como puede verse también desde la altura, la techumbre se quebró en forma de una "V", cuyo vértice sí se encuentra en contacto con el piso de la zona arqueológica, pero sus lados descansan, protegiendo la zona, en las paredes de piedra y en un andador moderno.
 
 Cuestionadas, ambas negaron que la estructura hubiera carecido de mantenimiento constante y aseguraron que el percance se debió a lo anómalo de la tormenta.
 
 "Esas techumbres tenían casi 40 años, habían cumplido su función muy bien, pero, claro, ocurrió algo inusual como fue la tromba con aire, granizo, lluvia y demás", comenta, en entrevista, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.
 
 El fundador del Proyecto Templo Mayor acudió a la zona arqueológica por la mañana y, aunque no pudo participar en todo el recorrido con los conservadores del INAH y los aseguradores por cuestiones de protección civil, da fe de que los daños no fueron mayúsculos.
 
 "Lo que había hasta anoche y hoy en la mañana es que la parte arqueológica, los vestigios, no sufrieron gran daño", celebra.
 
 En la Casa de las Águilas, no obstante, el peligro latente se encuentra en sus frisos de estilo neotolteca, según explicó Ledesma, que tienen pintura mural cuya fragilidad es, todavía, la principal causa de preocupación con las lluvias venideras.
 
 "Son frisos de piedra en que los elementos, que es toda una procesión, están pigmentados, entonces esperemos que no vaya otra vez a repetirse la tromba ésta", desea Matos.

Daños reversibles

Con la pintura mural, por el momento, a salvo, y un primer peritaje que confirmó que los desprendimientos de piedra y los daños al estuco son reversibles, especialistas del INAH comienzan a cubrir el patrimonio bajo la techumbre con ethafoam, un material que ayuda a resguardar de la humedad y que no altera el estado químico de las estructuras.
 
 En una carrera contra Tláloc, trabajadores del recinto transportan el material de un lado al otro, mientras se decide de qué forma habrá de retirarse la techumbre y de qué manera apuntalar su interior en lo que ocurre.
 
 "Vamos a hacer un techo provisional para protegerlo de las eventualidades; la lluvia no va a parar y, como les decía, tiene estuco y pintura mural, que es lo que nos preocupa ahorita", explica Ledesma sobre lo que sigue.
 
 Por fuera, sin embargo, el accidente que sufrió el Templo Mayor luce igual por el resto del día, como un recordatorio latente de todo aquello que escapa al control de las personas.
 
 El descalabro en el corazón de la urbe sigue ahí para que todos lo vean, ruinoso ante los viandantes que miran hacia el cielo, preguntándose si los nubarrones sobre sus cabezas volverán a lanzarle una tromba a Tenochtitlan.