Los relojes biológicos

PÍLDORAS DE FILOSOFÍA
Carina PérezCarina Pérez

Hay que evitar intoxicarse física, psíquica y mentalmente. Como dirían los estoicos: “Nada en exceso”.

En su eterna búsqueda, volcada ahora hacia la vertiente científica, el Hombre ha redescubierto los llamados relojes biológicos. Se sospechó su existencia desde hace más de un siglo, cuando la ontogenia se relacionó con la filogenia. 

Cabe pensar, también, que las diferentes formas de vida desajustan ciertos relojes y eso puede ser cierto, puede ser verdad… pero no toda la verdad. Hermanos que han nacido de la misma pareja, en circunstancias casi idénticas, y se desarrollaron en el mismo ambiente, suelen ser física, psicológica y espiritualmente muy diferentes y presentar características de madurez biológica parcial o total propias de cada uno.

Lo único que podríamos mencionar como igual en todos los seres humanos es, precisamente, su desigualdad. Dicen que Hipócrates, hace dos milenios y medio, tenía como principio fundamental el lema: “No existen enfermedades, sino enfermos”. Así, salvo en los casos de grandes epidemias, en los cuales la fuerza de la enfermedad aplasta toda resistencia y abate a gran número de afectados, dando la sensación de igualar el “castigo”, no podemos afirmar que todos los humanos, y aun todas sus partes constitutivas, sean regidas por “tiempos” iguales o, mejor dicho, por “edades” iguales.

Habrá jóvenes de veinte años con el corazón ya viejo, o ancianos de setenta y cinco con este órgano en condiciones tales como si de una persona de treinta o cuarenta años se tratase. Estas diferencias que señalan distintas edades de los órganos físicos, también se dan en planos más sutiles, como el vital, emocional y mental.

Los relojes, o genios o elementales, que rigen el más o menos acelerado tiempo de cada uno de los componentes de nuestra personalidad, se reflejan de manera más evidente –en lo físico– en los sistemas simpático y parasimpático, así como el hormonal. Con nuestra mente ejercitada en la filosofía así entendida podemos, apenas nos decidamos seriamente a ello, dar más cuerda a los relojes que se están parando o ajustar el mecanismo de otros que se nos disparan, por ejemplo en ataques de pasión o ira.

Hay que evitar intoxicarse física, psíquica y mentalmente. Como dirían los estoicos: “Nada en exceso”. Sólo eso. Y saber aceptar las bonanzas y las tormentas como hechos naturales. Síguenos en Facebook Nueva Acrópolis Oaxaca e instagram acropolis_oaxaca, informes al 9511585000.

 

"No podemos afirmar que todos los humanos, y aun todas sus partes constitutivas, sean regidas por “tiempos” iguales o, mejor dicho, por “edades” iguales".