Aseadores de calzado instalados en el zócalo, mantienen en 50 por ciento su trabajo por la pandemia

Don Miguel recuerda que fue hace exactamente un año cuando tuvo que suspender por cuatro meses su trabajo como bolero en el zócalo capitalino y aunque hubiera querido buscar empleo alterno, su edad y la situación de todos los giros comerciales se lo impidieron.

Aunque ha regresado a instalarse al mismo lugar, cerca de la esquina de Ricardo Flores Magón y Valerio Trujano, está teniendo el 50 por ciento de boleadas en comparación con antes de la pandemia por la COVID-19, en la que hacía hasta 20 boleadas en un día.

Desde hace seis años, Miguel Ramírez ha trabajado como aseador de calzado en el zócalo capitalino, aunque comparte que este oficio lo ha hecho desde su infancia sólo que en distintos lugares; sin embargo, nunca había vivido algo similar al último año de pandemia.

Recuerda que cuando estuvo la pandemia de la Influenza H1N1 también le afectó un poco, pero no al grado de la actual, principalmente porque no tuvo que suspender su labor por varios meses.

Pocas boleadas

El bolero relata que durante los cuatro meses que se mantuvo cerrado el zócalo, estuvo en la casa de su hija y su familia, además de que recibió apoyo por parte del Monte de Piedad y el municipio capitalino.

“Las dos dependencias nos dieron despensas mientras no podíamos instalarnos para trabajar y fue un gran apoyo, sobre todo para mí, que mi hija fue la que corrió con los gastos, pues aunque quisiera trabajar, por mi edad no me iban a contratar”, menciona.

Comenta que actualmente realiza máximo 10 boleadas al día en sus ocho o nueve horas de trabajo, lo cual representa la mitad de lo que hacía antes, pues afirma que debido a que los niños no están yendo a clases ni muchas personas a oficinas, no necesitan limpiar su calzado.

Don Miguel agrega que anteriormente, durante Semana Santa y Guelaguetza, el número de boleadas aumentaba debido a la gran afluencia de turistas que visitaban la capital, aunque admite que sus mayores clientes es gente local.

“Antes, aquí estaba lleno de gente, de turistas, pero ahora no se compara. Sí se ve que ya vienen, pero no en las cantidades de antes de la pandemia”, destaca.

También señala que otros eventos que le afectan a él y a alrededor de 44 boleros que hay en el zócalo y Alameda de León son los manifestantes, pues provocan que las personas pierdan las ganas de visitar estos lugares, además de que ellos no son clientes.

Subieron sus precios

El bolero reconoce que ha tenido que subir el precio de su trabajo, debido a que sus materiales también aumentaron sus costos, por lo que la boleada del par de zapatos pasó de 20 a 25 pesos.

“El precio de 20 pesos estuvo mucho tiempo, quizá unos cuatro años, pero sí tuvimos que aumentarle porque también subió el precio de la pintura y si no, ya no sale”, detalla.

Además, subraya que aunque en su caso él es dueño de su silla en la que desempeña su trabajo, otros boleros tienen que rentarla y también pagar el espacio en el que la guardan.

La vacunación, su esperanza

Al igual que muchos, la vacuna contra la COVID-19 es la esperanza de don Miguel, pues estima que al estar todos vacunados, podrán comenzar a salir con más frecuencia sin temor a contagios.

Por ello, comparte que recientemente recibió la primera dosis de vacuna, pues sabe que al estar en contacto con muchas personas, está más en riesgo de contagiarse del virus.

“Mi hija me animó a vacunarme y no me hizo reacción, así que ya estoy esperando la segunda dosis. Es que hay que cuidarnos, sobre todo nosotros, que estamos expuestos y yo que soy adulto mayor”, destaca.

Asimismo, estima que en 2022, la gente hará planes de salir, trabajar y visitar el zócalo para que él pueda volver al promedio de boleadas que tenía antes de la pandemia.