Edipo y la Esfinge

LECTURAS PARA LA VIDA

Asolar una región no es tarea fácil; sin embargo, era la tarea de la Esfinge de Tebas, enviada de la diosa Hera para castigar al pueblo tebano por los pecados de su rey. El monstruo mitad mujer, mitad león, tenía alas de ave rapaz y devoraba a cualquier tebano que se atravesara en su camino, no sin antes plantearles un acertijo que debían responder para que la Esfinge pudiera irse y liberarlos del castigo.

Harta del sol ardiente y de la dieta indigesta, la esfinge decidió poner a su próxima víctima los acertijos más fáciles del mundo, tan solo para poder retirarse de ahí. Entonces vio venir a un caminante al cual le cerró el paso. Su nombre era Edipo.

-Escucha viajero y responde por tu vida: Hay dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra, y ésta a su vez engendra a la primera. ¿Quiénes son?

Edipo se quedó sin palabras, y tras pensarlo bastante, dijo:

-¿Otra oportunidad?

-Otra oportunidad- dijo la Esfinge. -Escucha viajero y responde por tu vida: En el cielo vuelan tres patos. Uno enfrente, dos atrás, dos adelante, uno entre dos, tres en línea. ¿Cuántos patos estaban volando en el cielo?

Edipo lo pensó largamente, hizo cálculos, escribió en la arena y finalmente respondió.

-¡Doce patos!

La esfinge estaba a punto de darse por vencida y devorarlo, pero solo de pensar la indigestión que se le vendría, dijo:

-¿Otra oportunidad?

-Otra oportunidad- aceptó Edipo.

-Escucha viajero y responde por tu vida: ¿Cuál es la criatura que al amanecer anda en cuatro patas, por la tarde anda en dos, y en la noche con tres?

Edipo introspeccionaba en su cabeza y estaba a punto de pedir otra oportunidad cuando la Esfinge repitió la pregunta, pero esta vez acompañada de una mímica elocuente:

-Al amanecer anda en ¡cuatro patas!, así, mira- y fingió ser un bebé. -Por la tarde anda en dos- y se incorporó para dar unos pasos. -Y por la noche anda en tres- y mimó a un anciano.

-¡El hombre!- gritó Edipo entusiasmado. -¡La respuesta es el hombre!

-Muy bien- dijo la Esfinge. -A partir de ahora, cada quien seguirá su camino. Ve a Tebas y anúnciales que me quito de aquí.

Así lo hicieron. La Esfinge volvió la vista para ver cómo Edipo se perdía en el horizonte y dijo:

-No me gustaría ser la madre de este hombre.

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