El Viacrucis de San Bartolomé en Carranza

René AraujoRené Araujo

René AraujoRené Araujo

El sonido del tambor acompaña el sonido de carrizo mientras el penitente camina con paso marcial, voltea con parsimonia y espera la singular procesión.

Estamos a 90 kilómetros de la capital del estado en la comunidad que sus pobladores llaman La Antigua San Bartolomé de los Llanos.

Viajamos de madrugada con la intención de hacer estas fotografías y presentar este reportaje en nuestro periódico.

Otra vez escojo un pequeño lente zoom en mi vieja cámara 7D. La idea es aprovechar la versatilidad de la óptica y hacer algunos retratos y tomas abiertas que nos muestren un poco la atmósfera de este antiguo pueblo indígena tsotsil de tierra caliente.

Me acerco a los indígenas que dirigen los preparativos para la procesión de este año. Pido permiso para hacer mis imágenes y me explican que la tradición no se detiene, sino que va al par del tiempo.

No me han dejado grabar la charla. Pero me explican que cada año dedican las semanas de preparación para pedir a los santos que los cure y ayude al pueblo.

Hace 100 años pidieron que se detuviera la peste y ahora piden que se detenga la enfermedad. Otros años han solicitado que se resuelvan los problemas agrarios y que ganen la lucha contra los caciques que los oprimen.

Así empiezo a disparar mi cámara fotográfica mientras escucho el sonido claro de varios trombones que lastimeros siguen un amplio tambor antiguo.

En cada estación del viacrucis  se escuchan los rezos católicos con intersecciones que recuerdan la lucha del pueblo indígena.

El penitente lleva un pequeño tarro en la mano sostenida por un ayudante, no debe de descansar en todo el recorrido, lleva los antebrazos con lazos negros en seña de falta.

Alguien me explica que es un Iscariote y es parte de la afrenta del calvario.

La capucha negra no me permite fotografiarlo con comodidad. En las imágenes no logro retratarle, pues el color oscuro no permite distinguir los rasgos de su tez.

Coloco mi celular sobre la cámara fotográfica y doy inicio a un livestream mientras intento enfocar y seguir disparando mis imágenes fijas.

Alguien me grita algunas palabras sobre la pandemia. Este pueblo ha sido famoso por su resistencia para detener sus tradiciones en tiempos de la pandemia.

“Aquí no hay Covid, no hay Covid”

Esto me distrae, pero alcanzo a ver a un sacerdote quitar el cubre-bocas a un participante de la procesión.

Sigo haciendo mi reportaje un rato más.

La procesión se reanudará en la tarde, cuando el penitente de negro reanude el recorrido y sea tenga que besar las imágenes religiosas.

Apago mi cámara fotográfica.

Al regresar a Tuxtla voy pensando en todo lo que sucede, nuestro pueblo resistente, rebelde y luchón, la fe que los sostiene y ante la enfermedad… quien les da y quita su protección.

Esta tarde, no logré la fotografía.