Me presento: Mi nombre es Amaia Larunda

He intentado analizar las posibles causas que provocan en los jóvenes la falta de compromiso y voluntad. Me resulta increíble cómo actualmente muchos autores pretenden que los muchachos lean para saber “cómo alcanzar la constancia” o “ser más perseverantes y así convertirse en personas comprometidas con sus metas”. Sin embargo, creo que olvidan que son jóvenes sin la mínima constancia; entonces, es ilógico pensar que leerán libros de 300 páginas de autodisciplina.

Amaia Larunda, una niña bien

Esa falta de compromiso con mi futuro “provechoso” ha inundado mi vida, lo digo con toda la seguridad después de recordar aquellas veces donde preferí sentarme a ver la misma película por enésima vez, en lugar de tomar un libro y buscar sobre la importancia de… cualquier cosa, el punto es que no tomé el texto y ahora no sé qué es importante y qué no.

A eso le llamo "mi estilo de vida" y se ha presentado con todo su nombre desde que cursaba el jardín de niños, incluso jugar me requería un esfuerzo, algo que hasta ahora pienso es mucho.

Sin embargo, esa condición le ha dado una pena a mi vida que muchos consideraron como “buena educación”; la inactividad y pasividad vista por terceros se tradujo a “buen comportamiento” pues no molestaba a nadie al no ser “traviesa”; ahora que lo pienso, siempre he considerado que esos niños “hiperactivos” llevan una carga elevada de curiosidad por saber qué es el mundo o qué está a su alrededor, para mí eso es una cualidad increíble.

“La cura” de Amaia

Eso reflexionaba mientras esperaba a mi psicóloga preferida, ordenaba mis ideas para expresarle por qué a pesar de que ella me dice “eres una persona muy madura y equilibrada para tu edad”, no es así. Pretendo explicarle por qué su diagnóstico no me ayuda en nada y si quiere hacerme sentir mejor, no lo está logrando.

Nuevamente estaba pensando en eso, cuando ella llegó con unas botas hasta las rodillas y una gran sonrisa inquietante, me preocupó ¿por qué sonríe tanto?, ella no sonríe así ¿le habrá pasado algo? Esas fueron algunas de mis preguntas mentales al verla, obviamente no dije nada, porque las mujeres “tranquilas como yo” no hacen eso.

Ciertamente no recuerdo mucho de esa sesión, salvo que me dijo una frase motivacional muy parecida a las que veo cuando me cambio de toalla sanitaria y me dio mi certificado de alta porque “he mostrado mejorías en mis siete sesiones mensuales”, me siento tan alegre, seguro saldré a jugar con los niños de mi colonia.

Sin embargo, no tengo ganas, pero ahora mis padres pueden tener la tranquilidad que estoy “sana” y sobre todo funcional de aquí hasta otros cuatro meses.

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