Economía de familias chiapanecas da un cambio por la pandemia

René AraujoRené Araujo

René AraujoRené Araujo

A un año del primer caso de COVID-19 muchas costumbres quedaron atrás, como el saludo de mano o beso, mantener distancia física entre las personas y sobre todo a utilizar cubrebocas al salir de casa. Esto es la llamada "nueva normalidad" los hábitos han cambiado, lo que pone a prueba las capacidades del ser humano para adaptarse a nuevos entornos que la misma naturaleza nos presenta.

Para Roger Ruíz, la pandemia vino a cambiar su vida, pues él se dedicaba a la venta de juguetes en ferias, sin embargo, con esta enfermedad se detuvo todo tipo de eventos masivos, ahí se vio afectado, no obstante, tuvo que cambiar de giro de negocio, la necesidad económica hizo que de un problema de salud mundial él viera una oportunidad de venta, y así comenzó con la venta de cubrebocas.

“Va hacer el año, en marzo empecé con este negocio al principio era de tela, porque al principio este material que es quirúrgico estaba demasiado caro, además solo era utilizado para servicio médico, entonces empezamos a fabricar, pero ahora ya los de tela quedaron atrás”, comentó.

Relata que al principio fue un negocio redituable, ya que los cubrebocas desechables escasearon, un cubrebocas se vendía entre 25 y 20 pesos, ahora se devaluaron y uno puede llegar a costar hasta 2 pesos, “pues la verdad al principio estuvo muy bien, pero ahora ya bajaron demasiado, al principio un quirúrgico estaba en 20 a 25 pesos, pero ahora está en 3 pesos y en mayoreo está en 2 pesos o 1.50”, añadió.

Durante los primeros cuatro meses los vendedores de estos productos de bioseguridad pudieron “sobrevivir”, pero entre los meses de junio y julio dio el bajón, así lo aseguran, pero en diciembre otra vez se recuperó la venta, ¡claro!, con un precio menor.

El caso de Roger no es el único, muchos comerciantes del primer cuadro de la ciudad agregaron a sus negocios accesorios que la gente necesita, por ejemplo, los cubrebocas, tarjetas sanitizantes, caretas, y en este tenor poder llevar el sustento a sus hogares, pues también estuvieron los que decidieron bajar cortinas y a un año de esto no volver a abrir.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 12 millones de personas salieron de la población económicamente activa (PEA), mientras mes a mes de la pandemia la informalidad fue creciendo.

Las personas en esta “nueva forma de vida” desarrollaron estrategias que les permiten enfrentar diversas situaciones, tales como estrés, otras más adoptaron durante el confinamiento práctica de estilos de vida saludables.

En la medida que la sociedad entienda que estas nuevas costumbres son para el beneficio propio y de las familias y que sea un proceso educativo que haga parte de las cotidianidades, no tendrá un impacto negativo sino de autocuidado. Sin embargo, el miedo y la ansiedad hacen parte del diario vivir y de romperse el equilibrio emocional.