Tejiendo rostros

El taller de Rostros titulado “Ofrenda a la mujer Creadora” creado y dirigido por María Sánchez y yo, convocó a ocho artistas escénicas dispuestas a navegar juntas en esta aventura. Cada una de ellas invitó a su vez a otra creadora, sumándose así filósofas, poetas, místicas y artistas plásticas, conocidas y no conocidas, con quienes se identificaron para darles voz y visibilizarlas. Somos en total dieciocho mujeres, entre vivas y muertas, las que nos embarcamos en esta travesía. Nos hemos acompañado y abrazado en medio de la pandemia y el encierro, hemos viajado en la misma barca, a veces naufragando y otras tomando el rumbo hacia al puerto esperado. Hoy, llegamos por fin a tierra firme y desembarcamos cada una con un video hecho a mano, artesanal y digital, que se hiló para honrar a la mujer y a su creación. Nos mueve el deseo de liberarnos y sanar la herida del silencio, la autocensura, la rivalidad, la necesidad de compararnos y la parálisis a la que se nos ha condenado.

Rostros: deconstruir para un nuevo cielo

Hemos titulado Rostros a este espacio de reflexión que pensamos como urgente y necesario, ante la incertidumbre y la confusión innegable de los tiempos que vivimos actualmente. Un ejercicio de nuestro oficio que ha sido un laboratorio escénico que provoca a deconstruir la jaula que encierra nuestro cielo, para permitir que emerja la sombra o la luz oculta, guardada ya por mucho tiempo detrás de los espejos.  Por siglos, las mujeres se han tenido que disfrazar de hombres para decirse en el arte, han sido estigmatizadas como locas o brujas y han tenido que huir o aislarse. Es hasta el día de hoy que se incorporan a la historia del arte y de la humanidad. 

Mujer, lo inefable y evanescente

Nuestro rostro alude al cuerpo que visibiliza lo incorpóreo, lo intangible, lo insondable, la máscara que nos revela y nos oculta, aquello que nos nombra en la contextura de lo diverso. Muchos son los rostros que nos habitan, dialogan entre sí y se confrontan, se abrazan y se dispersan, danzan y desaparecen en un eterno movimiento y retorno; al igual que las aguas y los ríos, los rostros mutan como revelaciones vivas y emergen con calidades y texturas inesperadas; como el mar, vuelven a hablarnos de lo que somos cuando menos lo prevemos.

Pero también nuestros rostros son tierra seca y desértica que se momifica y nos asfixia. Es entonces preciso incendiar los bosques, las nubes y el cielo entero si es necesario para romperlo y liberarlo. Convocar a la revuelta y a la rebeldía para no seguir normalizando lo que obedece a un mundo patriarcal y deshumanizado que hoy se derrumba. Ahí es donde se asoma de nuevo la ternura, la belleza, la digna rabia y nuestro derecho a crear. Es ahí donde se asoma la vida. Nuestro rostro de mujer se mueve en un espacio entre la realidad compartida y el sueño de nuestro imaginario, entre la realidad interna y la realidad objetiva. Es como un recinto mágico y sagrado en el que bailan nuestros sueños con el mundo, en el que copula el deseo con las lágrimas, la embriaguez y la risa. Nuestro rostro de mujer es también palabra y canto, agonía y fiesta.

Les invitamos a conversar y compartir este gran telar el 8 de marzo a las 12 pm en la página https://www.facebook.com/artelaboratoriolarueca.

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