Peregrinan diabéticos de Oaxaca en busca de atención médica

En la actualidad, morir de diabetes se convierte en un verdadero calvario para los deudos y en un viacrucis para el paciente, que a causa de la pandemia por COVID-19, en sus últimos días no es recibido en ningún hospital. La diabetes es la segunda causa de muerte en México y en Oaxaca, según datos del Inegi.

Al carecer de seguridad social, la única opción es la medicina privada, aunque ello implique deshacerse del escaso patrimonio y peor aún, contraer una deuda pagadera durante los siguientes años.

Este fue el caso de Pedro Sánchez García, líder de los pueblos afros de la costa oaxaqueña, ingeniero agrónomo que enseñó a sus paisanos a mejorar técnicas de cultivo y a conservar los productos de la región a través de innovadores métodos. Falleció el jueves en la Clínica del Riñón de Acapulco, Guerrero, y su cuerpo tardó más de 14 horas en ser entregado a la familia, por no reunir los 170 mil pesos que costaron dos días de hospitalización, relata su viuda Roseli Mejía.

Cuenta que las complicaciones por la diabetes se fueron agravando y sus riñones se deterioraron al punto de ya no poder trabajar por sí mismos. Pese a los malestares su esposo prefería no ir al hospital, ante el temor de contagiarse de COVID, sabía que no la libraría y que además sería una muerte aterradora, sin poder respirar y sin despedirse de los suyos.

Pedro, pinotepense de corazón, siempre combativo y de espíritu libre, siempre trabajó por su gente, puso sus conocimientos del campo al servicio de la comunidad, que hoy le reconoce y le agradece haber contribuido a visibilizar los derechos de los afromexicanos y asesorar a mujeres de la zona para constituir una empresa local de deshidratadora de fruta, con el fin de aprovechar los excedentes de papaya, mango, coco y así tener un ingreso propio, lo cual les decía, les daría independencia y poder de decisión, al aportar al gasto familiar.

Apreciado en su querida Pinotepa Nacional, era propietario de un pequeño restaurante en la playa de  Corralero, sitio en el cual visitantes nacionales e internacionales disfrutaron la gastronomía costeña. Los platillos con tichinda, el caldo de cuatete y el pescado a las brasas, bajo una palapa con vista al Pacífico y el buen humor de Pedro, hacían inolvidable el lugar en donde ayer fue velado su cuerpo.  El año pasado la situación económica derivada de la pandemia golpeó el negocio familiar y las ventas se desplomaron.

Sin dinero y sin seguridad social, Pedro y su esposa recorrieron hospitales públicos que no los recibieron, hasta llegar a uno particular, donde pasó sus últimas horas. Empeñando lo poco que quedaba, la viuda logró un préstamo, el cual deberá pagar en los siguientes meses, y sola, con muchos gastos, en medio de lágrimas no sabe cómo hará frente a la deuda contraída, por ello solicita el apoyo de la ciudadanía, al número de tarjeta 5204 1656 3209 8699, de Banamex, a nombre de Rosa Elia Mejía Liborio.