Raúl Herrera: 80 años de caligrafía en movimiento

El fluir de cada movimiento para el artista Raúl Herrera (Ciudad de México, 1941) significa vida. No concibe al ser humano en un estado inmóvil. Para él, hacemos caligrafía todo el tiempo y en la retrospectiva que le preparó la NN Galería, muestra siete décadas de creación. Con 80 años recién cumplidos, se mostró alegre, satisfecho y contento de compartir estas obras en “A los alambres de la luz, vino un pájaro y cantó”. 

La NN Galería abrió en el pandémico 2020, cuando eran pocos los espacios culturales independientes que lograron sobrevivir. Esta es la exposición número tres y con la cual le dan a Raúl Herrera una suerte de homenaje, no sólo a su trayectoria, sino a la vida. Y es ese palpitar, esa vibración precisamente la que el artista prioriza en su pincel. 

La sección que se exhibe, abierta al público con cita previa, la realizó el propio artista. En un encuentro con la prensa, Herrera apuntó que durante muchos años esperó la oportunidad de poder mostrar este acervo personal:  “De cada exposición que tenía, yo guardaba lo que más me gustaba, así fue durante muchos años, esperé la ocasión para exponerlo y justo ahora, gracias a la pandemia y al desbarajuste que hemos sufrido, han surgido posibilidades de hacer un resumen”. 

La sección incluye obras desde 1963 hasta el mes de enero del 2020. Con un vaso de café en mano y la cabeza cubierta por un pañuelo palestino, el artista habla de su aprendizaje a lo largo de estos 80 años. Sus hallazgos han tenido que ver con el color y la dinámica, en la búsqueda de plasmar emociones. 

Al hablar de sus primeros años de pintura, recordó que esa fase de su trabajo se relaciona con el concepto abstracto. En lugar de tratar de imitar la realidad, trató de pasar a una dimensión directamente de colores y líneas, de composición: “considero que eso es la pintura pura, a través directamente del movimiento, del dibujo, la forma en la que uno armoniza los colores, para comunicar emociones”. 

La física cuántica en su pintura

El artista, quien se sitúa como parte de la corriente expresionista, relató que desde el inicio de su carrera le interesó mucho el movimiento en la pintura, de ahí su interés en la difusión de la física cuántica: “En esa época leí un libro de uno de los físicos nucleares que trabajaban sobre el átomo y la bomba atómica: 'Los secretos de la materia', de H. Carl. Así me enteré que la materia no existe. Que todo es energía con diferentes densidades y vibraciones, que todo depende de la velocidad a la que se mueven las partículas”. 

Al tomar conciencia de ello, Raúl Herrera comenzó a sentir la pintura directamente a través de las técnicas orientales, principalmente de la técnica japonesa. Comenzó a experimentar con la caligrafía con tinta, de la cual le fascinó la fluidez de su consistencia.

 

La pintura acción 

“Tiene una naturaleza que hace que se mueva todo el tiempo, y entre el blanco y negro está todo. Para mí, eso fue una gran liberación también. Tuve contacto con un pintor japonés en París y él me enseñó a usar el pincel; después, alguien me regaló una piedra para hacer tinta y eso me encaminó directamente a la pintura acción a través de la tinta china y la pintura oriental. Eso dirigió mucho mi camino. Me llevó a una pintura muy expresiva, libre y conectada con el fluir de la naturaleza y de la vida. Por la misma razón encontré una escuela de artes marciales, de Taichi Chuan; eso también tuvo mucha influencia en mi trabajo”.  

Emociones y trazo

Raúl Herrera habla de estos  procesos como una suma de aprendizajes. Y confesó que cuando comenzó a realizar trazos, le sorprendió que con solo tres o cuatro, podía transmitir tanto: “Ahí se sentía todo un contexto, había toda una historia, unas emociones que transmitían a través solamente del trazo. En el énfasis, en la carga y la emoción que uno le pone al trazo y al pincel, está la verdadera fuerza de la obra”. 

Es así que es poseedor de una fuerza que transmite a través de la línea. Ahí, sentado entre los cuadros de su retrospectiva, frente a un lienzo cargado de simbolismo, con una gradiente de rojos, amarillo y negros, Herrera aseguró que una vez que alguien abre su mente a las sutiles percepciones, puede ver cualquier cosa: “eso es lo que nos caracteriza como humanos, no sólo obedecemos al instinto, sino a algo más sutil: a las emociones plasmadas en los gestos de nuestro mismo cuerpo”.

Esta exposición es una suerte de homenaje y para él significa una realización: “Es el examen al final de la escuela”. Recordó aquellos años, cuando tenía 16, cuando para su familia era difícil aceptar que él se dedicara al arte. Entonces entró a una academia militar, donde cursó dos años. En ese tiempo no renunció a la pintura y cada día pintó, con tal dedicación que al finalizar su preparación, en vez de darle sus cintas de cadete, le hicieron una exposición. “Eso para  mí fue fantástico, esto es igual”. 

Con cierto recelo, contó que el Museo de Arte Contemporáneo no aceptó ninguna de sus solicitudes para exponer, caso contrario el Museo de los Pintores Oaxaqueños, que le organizó una retrospectiva con el artista Shinzaburo Takeda. Este gesto lo recuerda con agrado: “Esa fue la primera en la que me hicieron un catálogo y me trataron muy bien, en Oaxaca. Para mí eso fue el comienzo de ser realmente aceptado en esta ciudad; luego me ofrecieron dar clases en la Escuela de Bellas Artes, gracias al maestro Takeda.  

Al finalizar el encuentro, luego de una serie de rosas y camaradería, le pregunto el por qué del título de su exposición, a lo que responde convencido: “Por los pájaros. La mayor parte de los abstractos están basados en el movimiento del vuelo de los pájaros. Fue una época en que empecé a dibujar a los pájaros y todos tienen el mismo formato de alas, pero todos son diferentes, siempre son diferentes las alas y sus vuelos”. 

¿Cuándo y dónde?

24 de febrero, en un horario de 10:30 a 14:30 horas y de 17:00 a 20:00 horas, de martes a sábado. Citas para visitar la exposición en: www.nngaleria.com.

NN Galería, Privada de Aldama 110, barrio de Jalatlaco, Oaxaca de Juárez.