El efecto Mozart

Es bien sabido que la música facilita el desarrollo del lenguaje y aumenta la creatividad y la expresión en los niños, afirma del Dr. Frances H. Rauscher, del Centro para la Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria. El Dr. Rauscher ha dirigido algunas de las investigaciones más innovadoras en lo que varios autores han llamado el efecto Mozart. De la investigación extensiva sobre las raíces de la música han resultado las siguientes conclusiones:

1. La música es universal. Estudios sobre los efectos de la música clásica y la inteligencia han tenido los mismos resultados favorables en diversas culturas.

2. El comportamiento musical surge en la infancia. Los niños comienzan a cantar a una edad muy temprana, a menudo antes de desarrollar el habla.

3. Enseñar a los niños a interpretar música ejercita el cerebro y los sistemas sensorial, perceptivo y cognitivo.

4. Un sólido currículo musical mejora la comprensión en la lectura. Esta investigación se llevó a cabo con estudiantes participantes en el currículo musical Kodaly. Los estudiantes mostraron un aumento significativo en el índice de comprensión de la lectura.

5. Los efectos perdurables de la música en la inteligencia son más pronunciados cuando hay enseñanza musical.

Uno de los más conocidos estudios de Rauscher incluyó a treinta y cuatro niños de edad preescolar, a quienes se les encomendó la práctica del piano por un período de seis meses. Al cabo de estos seis meses los niños podían tocar algunas melodías básicas de Mozart y Beethoven. Todos ellos tuvieron un incremento de aproximadamente un 36% en la prueba de cociente de inteligencia espacial.

Campbell cita incluso varios estudios sobre los efectos de la música en el feto. El sonido más importante escuchado por este es la voz de su madre. Por esta razón se recomienda que la madre le lea al niño por nacer. Se ha demostrado que la música rock incita al feto a patear desmesuradamente y a movimientos violentos. En cambio, Mozart y Vivaldi resultan sumamente placenteros para el niño, particularmente los conciertos para violín de Mozart. De hecho, en la cultura tradicional japonesa la educación del embrión o Tai-Kwo no es nada nuevo, y supone una filosofía que requiere comenzar muy temprano, durante el embarazo.

Si es cierto que la música puede sanar el cuerpo, como afirma Don Campbell, o fortalecer la mente, como proclama el Dr. Rauscher, ¿de qué manera podría medirse su habilidad para liberar el espíritu creativo? Si el aprendizaje musical puede mejorar la inteligencia, ¿qué de otros aspectos de la vida humana, tales como el carácter, la virtud y el desarrollo de los sentimientos, podrían mejorar igualmente? ¿Volvernos más dignos, más éticos, formar un carácter más firme?

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