Falta de pensión y crisis económica provoca que adultos mayores salgan a trabajar por necesidad

Tras siete meses de confinamiento, don Alejandro ha regresado a su trabajo de hace 11 años: empacador en un supermercado; pues la falta de una pensión y la crisis económica derivada por la COVID-19, lo obligaron a salir de su encierro.

Alejandro Zárate, adulto mayor de 72 años, relata que la falta de una pensión y la necesidad de cuidar a su dos nietos lo llevó a buscar trabajo como empacador o “cerillo” como le llaman, en un supermercado donde le dieron una oportunidad y durante la pandemia, le depositó cada mes un apoyo económico.

De fotógrafo a empacador

El adulto mayor compartió que por varios años trabajó en un estudio fotográfico, pero al pasar de lo analógico a digital, sus jefes decidieron despedirlo, por lo que se quedó sin empleo y por ello, sin un ingreso constante.

“La verdad, ganaba buen dinero, pero con la llegada de la tecnología todo cambió y ya no me necesitaron y como nunca tuve un solo trabajo por varios años, no me dieron jubilación ni pensión”, señaló.

Por ello, al abrir el supermercado ubicado sobre la Calzada Madero, no quiso perder la oportunidad de pedir un empleo, pues como ya tenía 60 años, no podía encontrar un trabajo fácilmente.

“Me dijeron que sí podía trabajar y ahora ya llevo 11 años; la verdad, sí me va bien y con el dinero que saco he podido sobrevivir y crecer a mis nietos”, subrayó.

De acuerdo con don Alejandro, en un día llega a sacar hasta 300 pesos de propinas que le dan los compradores y en días de quincena, hasta 800 pesos.

 

Siete meses sin ingresos

El empacador recordó que por siete meses estuvo en confinamiento junto con su esposa, ya que la empresa le solicitó dejar de asistir, ya que es parte de la población en riesgo de contagios por COVID-19, pero le dieron un monedero electrónico al que cada mes le depositaron un apoyo económico.

“Cada mes nos hacían un depósito para comprar nuestra despensa, eso nunca faltó, además del apoyo que dan de 65 y Más, también con ello pudimos sobrellevar el encierro, pero sí hacía falta trabajar”, mencionó.

Además, señaló que le hacía falta moverse o sentirse “útil” para las demás personas, lo cual coincidió con sus compañeros que también regresaron a trabajar, pero con la condición de mantener las medidas preventivas.

“La empresa nos llamó y nos dijo que podíamos venir, pero debíamos limpiarnos siempre las manos, no quitarnos los lentes de protección o caretas, usar todo el tiempo el cubrebocas y así fue que regresamos ocho compañeros”, abundó.

Uniformado con un gafete y playera azul cielo que le dio el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), don Alejandro llega todos los días a las siete de la mañana para comenzar a laborar y termina a las tres de la tarde.

Detalló que este uniforme es para identificarlos, pues hay otros empacadores que visten de color azul marino, pero en este caso son personas con discapacidad (PCD) o estudiantes de secundaria quienes también necesitan un ingreso, sobre todo en estos momentos de pandemia.

“Antes éramos varios, pero ahora como no están todas las cajas abiertas y algunos no quieren contagiarse, pues somos pocos y nos turnamos en los dos horarios, pero tenemos que echarle ganas para seguir teniendo este ingreso y si la empresa nos da esta oportunidad, no debemos desaprovecharla”, subrayó.

 

Más de 80 % de adultos mayores, sin pensión

De acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, el 84 por ciento de los oaxaqueños adultos mayores no cuenta con una pensión o jubilación.

Además, señala que el 43 por ciento de los 550 mil 577 adultos mayores que hay en el estado, es decir, el 13 por ciento de la población, esto de acuerdo con el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), no cuenta con seguridad social.