No frena pandemia a repostera oaxaqueña; más de medio siglo en la elaboración de obleas

Sus manos están acostumbradas al fuego.

Las obleas son un dulce tradicional de México; en Oaxaca, este postre podemos encontrarlo entre las calles de distintas colonias, cuando un señor con su triángulo musical anuncia su llegada y sobre su hombro carga la correa de un cilindro metálico, con las obleas en su interior. 

Dulce experiencia

En el corazón de Teotitlán del Valle vive doña Esther Contreras Aguilar, quien desde 1971 se ha dedicado a la elaboración de obleas.

“Vi cómo las elaboraba un señor y empezamos a hacer pruebas; ese día hicimos dos kilos de harina y se nos echó a perder, pues cuando lo poníamos en la plancha, se destruían y se caían”.

Doña Esther asegura que su familia la motivaba a no claudicar en su intento por aprender. En un principio, tuvo que pedir prestadas las herramientas para elaborar las obleas, pero después de un tiempo, tuvo que devolverlas. 

A pesar de eso, poco a poco fue perfeccionando la receta, aunque las obleas se resistían a quedar redondas. 

El 16 de septiembre de 1971, la mujer salió de casa con un canasto de obleas, dispuesta a comercializarlas en el mercado; “llegué, me senté y una señora se acercó a preguntarme qué vendía, le dije que obleas y que no estaban bien hechas, que estaban rotas; ella me dijo que de todos modos se las iba a comer y que no importaba”.

En ese momento, doña Esther hizo su primera venta de cinco obleas por 20 centavos; a partir de ahí, todos los días iba al mercado a comercializar sus obleas. 

“Le empecé a echar ganas, poco a poco empezaron a salir redondas, nadie nos enseñó cómo se hacían exactamente, y comprendo, eran celosos con su trabajo, pero yo no me di por vencida”.

Con el tiempo, una canasta grande ya no era suficiente para satisfacer la demanda de obleas, pues durante la fiesta del pueblo se comercializaban de manera importante, incluso tenía que elaborar hasta tres canastos. 

Cincuenta años después

En la actualidad, Esther ya tiene sus planchas y con la ayuda de la leña elabora hasta 200 obleas que comercializa a tres por diez pesos. 

Sus manos muestran la experiencia que ha adquirido frente al fuego; desde las cinco de la mañana comienza su labor; primero, vierte la mezcla sobre la plancha y la cierra para esparcirla en su interior; debido a que está muy caliente, se escucha cómo la mezcla se va haciendo sólida. 

Después de un tiempo, abre la plancha y le da la vuelta a la oblea para nuevamente utilizar sus fuerzas para aplastarla. Al cabo de unos segundos, está lista y se pasa a un canasto. 

Este oficio permite a doña Esther tener un poco de recursos económicos, pues debido a su edad y a que no aprendió a tejer tapetes de lana, no tiene otra manera de hacerse de dinero. 

“Esto es lo único que hago y que sé hacer; cuando se vende me va bien, pero cuando no, pues sí me las veo duras, sobre todo porque ya hay muchas personas que lo saben hacer”.

Gracias a la experiencia de tantos años, hay personas que viven en Estados Unidos y ya la conocen, le compran mucho y se las llevan.

Pandemia, golpe bajo a la economía 

Desde marzo del año pasado que llegó la pandemia del virus SARS-CoV-2 a México, la venta de las obleas cayó en picada, pues no logró vender casi nada de su producto. 

“Apenas logré vender unos cien pesos, pero con eso me conformo porque puedo lograr comprar para hacerme un plato de comida, porque además, si yo no me levanto a trabajar, nadie va a venir a ofrecerme dinero, así vivo y me gusta lo que hago", dice. 

Doña Esther asegura que continuará elaborando obleas hasta que Dios le preste vida e invitó a todos a su comunidad de Teotitlán del Valle para que la visiten y le compren estas piezas dulces elaboradas de manera tradicional. 

Desea que pronto termine la pandemia, para poder salir como normalmente lo hacía y poder vender más de su producto para que llegue a los paladares de los oaxaqueños.

50

años lleva doña Esther vendiendo obleas

200

obleas comercializa por día

3

obleas por 10 pesos, la oferta de doña Esther

 

“Esto es lo único que hago y que sé hacer; cuando se vende me va bien, pero cuando no, pues sí me las veo duras, sobre todo porque ya hay muchas personas que lo saben hacer”.

Doña Esther