La humanidad de Medusa; última de tres partes

LECTURAS PARA LA VIDA

Entre las sombras de un derruido templo habita una criatura; en el piso, centenares de serpientes obstruyen la entrada a quien ose adentrarse para buscar a aquella que una vez fue la mujer más pura y hermosa: Medusa. En ese momento recordé que mi maestra nos había hablado sobre mitos griegos; cuando se refirió a Medusa expresó temor, usaba adjetivos como “horrorosa”, “temible” y “abominable”, a la par de mostrarnos la imagen de un rostro descompuesto por la furia. Cuando mi abuela hablaba de ella, expresaba  lo contrario; yo  me confundía, no podía entender cómo alguien que fuese tan bella y noble se pudiera convertir en un monstruo.

Atenea, al ver su templo mancillado, dejó caer en Medusa una maldición culpándola de provocativa; la joven huyó lo más lejos que pudo, pero no iba sola, llevaba un centenar de serpientes como damas de compañía, donde antes sus hermosos cabellos jugaban a enamorar al viento. Muchos hombres intentaron aniquilarla con la idea de ser inmortales al obtener su sangre, pero no tardaban en quedar petrificados con tan solo encontrarse con los ojos de Medusa.

El vetusto templo albergaba ya suficientes estatuas; en una ocasión, Medusa encontró entre los escombros parte de una escultura de Atenea; se dio cuenta de que ese lugar había sido un templo dedicado a su señora, así que le siguió rindiendo honores. Atenea, por su parte, supo de estos nobles actos; se dio cuenta de que había cometido un error, pues Medusa nunca trató de llamar la atención de los asiduos al templo; en realidad, rendía honores a la diosa. Sintió  necesidad de liberarla; llamó a Perseo, a quien entregó su escudo reflectante, espada, un casco de invisibilidad y unas sandalias voladoras; con ello logró aniquilar a la Gorgona al cortar su cabeza de un tajo; en el acto se liberaron  Pegaso y Crisaor, hijos de la semilla que Poseidón había dejado en Medusa.

Mi abuela hablaba de muchas mujeres que como Medusa han sido juzgadas y castigadas, prometió contarme más historias sobre ellas; dijo que la mitología es tan solo una gota de sangre de aquella Medusa, que incluso después de muerta sirvió como protección en el escudo de Atenea, pues sus ojos aún conservan el poder de convertir en piedra a quien se mire en ellos.

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