La Fiesta Grande desde la gráfica en honor a San Sebastián

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En Chiapa de Corzo, la Fiesta Grande se vive desde casa. Parachicos, chiapanecas y chuntá han decidido celebrar sin salir a las calles y con ello evitar aglomeraciones, ante la actual pandemia.

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Franco Lázaro Gómez dejó importantes testimonios gráficos de esta festividad, y por la importancia histórica transcribo un fragmento de una carta que escribió el cura interino del pueblo de Chiapa, fray Cosme de Alonso con la fecha del 22 de enero de 1798, destinada a su ‘señor ilustrísimo’, que había de ser el obispo de aquel entonces, don José Fermín Fuero y Gómez”, documento guardado en el Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de Las Casas. Es una carta que

“Ilustrísimo señor.

Señor: El cura interino del beneficio de Chiapa con el respecto debido hace presente a vuestra señoría ilustrísima que habiendo tomado posesión la primera domínica de adviento el año pasado y observando en este corto intervalo y tiempo los grandísimos abusos que han cundido en este corto rebaño, los que ciertamente son opuestos al servicios de ambas majestades, y que algunos requieren mayor fuerza y autoridad que la que me acompaña. Por  tanto juzgo necesario informar a vuestra señoría ilustrísima pormenor, como lo hago, diciendo:    Si debo disimular los bailes, que mixtos hombres con mujeres, y cuando menos vestidos aquéllos con el traje de éstas, hacen en presencia del Santísimo, agregándose la circunstancia de que algunos indios vienen vestidos de pieles silvestres y al que trae la de tigre entregan los padres [f. 3r.] a sus hijos para que los azote y eviten de esta suerte algún infortunio, cargando al mismo tiempo en sus hombros lagartos, iguanas, monos, loros y otros animales vivos. Que con estos objetos y los destemplados alaridos que dan al presbítero, doy de el santus hasta mucho trabajo puede proferir las palabras de la consagración dos ocasiones que me tocó en suerte decir la misa mayor, cuando tenían estos espectáculos.

“Consiguiente a ésta pregunta, es la festividad de San Sebastián en cuyo día por la mañana sube el cura a la iglesia y convento de este nombre, en donde permanece tres días y dos noches, en cuyo tiempo, a excepción de poco que se invierte en la función de la iglesia, no terminan los bailes y fuegos, no aquellos que pertenecen y miran a la virtud de la eutrapelia, sino los que hacen inhábiles a los hombres, según derecho canónico tiene fulminadas censuras, siguiéndose de aquí las más funestas consecuencias para muchas familias.

“En esta función, la embriaguez es la que menos se oculta porque sus mismos efectos la publican. Sólo de pecar no hay, porque no [f. 3v] se da interrupción en esta ocasión, incluyendo en ella al mismo templo, pues en distintas horas y con más tesón en la se siesta, se ve en el más de la mitad del pueblo, sin distinción de edades ni cualidades en un grandísimo revoltijo, bailando, al cuyo alterado movimiento se levanta tanto polvo que incorporando con los átomos del sol o partículas cartesianas, forman una espesa nube, que cansa la vista y oscurece los objetos.

“Todo lo cual observe el año 97, hallándome en este pueblo. Vea nuestra señoría ilustrísima que similitud o conexión tienen estos bailes con el del real profeta David. En esta fiesta gasta el cura de su bolsillo, como consta de suma minuta del finado mi antecesor que tengo a la vista, 140 pesos, los que cuánto mejor sería extenderlos en beneficio de pobres que gastarlos en aguardientes y otras cosas superfluas. Lo dejo a la sutil compresión de nuestra señoría ilustrísima”.