Las cavilaciones de una mujer

LECTURAS PARA LA VIDA

Eran las 6:45 de la mañana; Laura recién despierta, aún adormilada, ponía los pies en el suelo cálido de una mañana de abril; se sentía contenta y no sabía por qué, generalmente no identificaba su estado de ánimo, o más bien lo pasaba desapercibido. Ahora que lo pensaba, sí había tenido en su vida esporádicos días de desgano y momentos de enojo. Como siempre, muchas ideas rondaban en su mente mientras hacía sus actividades de manera mecánica y justo ese día se encontraba impasible, percibía con claridad el silencio y por instantes el ruido del refrigerador.

A sus 37 años, se preguntaba a si misma cosas que no alcanzaba a responderse referentes al amor; también, cómo para algunas personas es importante trascender, mientras ella prefería lo simple en su vida, o quizá lo menos complejo. Sin embargo, cada que trataba de profundizar en alguna de estas interrogantes, estos pensamientos se disgregaban.

Seguía su intento de reflexión y le parecía que no se había enamorado y aunque tenía la curiosidad de saber cómo es que las personas pueden unir sus vidas, soportarse para encontrar un punto medio, poder convivir y sentir que se corresponden, pensaba “eso sí que es una abnegación”.

Casi de inmediato recordó las palabras de su amiga Teresa cuando la acompañó a ir por su hija adolescente que estaba en una fiesta de cumpleaños, a la cual había enviado varios mensajes para decirle que ya era hora de ir por ella como habían acordado para regresar a su casa, pues llegaba casi la media noche. Sintió que la estaba obligando a que se saliera, pero no estaba dispuesta a esperarla más tiempo y al enunciarle: “se acaba el encanto”, terminó la llamada.

Mientras la chica se despedía de sus amigos, veía con resentimiento a su mamá, quien a su vez exaltada y con desesperación externó; es que amiga, llega un momento en que por más que trates de complacer a tus hijos, no están satisfechos con nada, y como madre, aunque estén contigo, te sientes tan sola”… Esto hizo pensar a Laura que es propio de la adolescencia, ser voluble.

[email protected]