Y en este año 2021, los ángeles siguen...

Los ángeles, para empezar, son ingeniosos, bromistas e iluminados científicos, que saben demostrar una y otra vez la fórmula  divina que rompe con los esquemas perfectamente diseñados por el hombre para autolimitarse y por ello limitan su capacidad de ser feliz.

La popularidad de los ángeles como mensajeros divinos, permite al ser humano detenerse a pensar:

PRIMERO: En la posibilidad de no estar aislado del resto del Cosmos.

SEGUNDO: Que su aparente superioridad es vista ante el universo, como la soberbia de una hormiga que no ha entendido su función en la naturaleza.

TERCERO: Que en verdad tiene la posibilidad extraordinaria de interactuar con otras formas de energías más elevadas a las que podría aspirar en un momento dado y con una evolución organizada.

MISIÓN DE VIDA: Determina la función básica del individuo sobre el planeta, el modo en que debe servir a los demás, evolucionar, fluir sobre las circunstancias y atraer como un imán las experiencias, personas, lugares y objetos que facilita esta misión.

HERRAMIENTA DE VIDA: Son los elementos que dan gasolina espiritual y representan tres funciones básicas: armonizar a la persona, apoyar su objetivo de vida y reorientarlo consideradamente hacia una ley natural o ética universal.

DESEQUILIBRIO O TRAMPA DEL EGO: No reconocer nuestra misión de vida, no emplear nuestras herramientas de armonización, y por último, nuestra resistencia ante los aprendizajes.

Hemos sido educados en una sociedad donde el placer genera motivos de culpabilidad y el trabajo suplente del placer, es visto como obligación y no como oportunidad.

Los ángeles pueden enseñarnos el camino correcto hacia el gozo y el servicio, sin necesidad de complicarnos la existencia más de lo debido. Esto no garantiza la ausencia absoluta del dolor o la eliminación de ciertas vivencias necesarias para el despertar interno.

Según parece, los ángeles creen que el dolor es una ilusión que podemos mitigar con la utilización correcta de nuestras facultades.

Aquí, un cuento de Paulo Coelho:

Un maestro budista viajaba a pie con sus discípulos, cuando se dio cuenta que discutían entre ellos sobre quién era el mejor.

Practico la meditación desde hace quince años, decía uno. Hago caridad desde que salí desde la casa de mis padres, decía otro.

Siempre he seguido las enseñanzas del Buda, decía un tercero.

Al mediodía, pasaron debajo de un manzano para descansar; las ramas estaban cargadas y llegaban al suelo con el peso de las frutas.

Entonces, el maestro habló:

"Cuando un árbol está cargado de fruta, sus ramas se doblan y tocan el suelo; así, el verdadero sabio es aquel que es humilde. Cuando un árbol no tiene frutos, sus ramas son arrogantes y altivas. Así, el loco siempre se cree mejor que su prójimo".