Incremento explosivo de las ventas en línea

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El comercio es una actividad que está presente desde los albores de la civilización. En diferentes formas, con diferentes grados de intensidad, pero siempre ha estado ahí. La llegada del nuevo milenio trajo consigo el comienzo de una expansión —que luego se demostraría imparable— en el uso de una novedosa red cuyos inéditos usos y posibilidades terminaría por infiltrarse hasta la médula en el tejido social y comercial de la inmensa mayoría de las poblaciones del planeta. Esa red era internet. Hoy, casi veintiún años después (pandemia global de por medio), la red global es parte integral de nuestras vidas. De ella depende nuestra forma de comunicarnos, de movernos, de entretenernos y, cada vez más, también de trabajar, de realizar gestiones y de comerciar.

Así es, si ya de por si la tendencia hacia la digitalización de las operaciones comerciales y de todo tipo de transacciones en el ámbito empresarial era algo que iba quedando cada vez más patente a media que los avances tecnológicos iban sacando a la palestra herramientas cada vez más numerosas, prácticas e intuitivas; la situación sanitaria global provocada por la Covid19 no ha hecho más que acelerar ese proceso. Y lo ha hecho poniendo de manifiesto la creciente dependencia, en cada vez más ámbitos, por este tipo de sistemas, destacando, con ello, la necesidad de seguir avanzando en esa dirección para hacer frente a los retos que ya se distinguen en el horizonte.

Aunque se veía venir que esta era la senda por la que nos encaminábamos, no por ello deja de ser impactante la velocidad con la que la pandemia ha provocado estos cambios. Multitud de empresas, grande y pequeñas, y comercios de todo tipo han tenido que adaptarse en tiempo record a unas dinámicas que solo se atisbaban en la lejanía. También han tenido que hacerlo los consumidores, que han visto como, en solo unos meses, el escenario de consumo daba un vuelco de 180 grados. Desde compras de alimentos, hasta dispositivos y gadgets tecnológicos, pasando por ropa, artículos para el hogar, o casi cualquier cosa que necesitemos… Si antes comprábamos, sin pensarlo, en tiendas, ahora la cosa no está tan clara: internet ofrece un entorno higiénico, práctico y, no lo olvidemos, gigantesco, para cubrir nuestras necesidades de consumo.

La seguridad ha de ser una de las cuestiones que no debe olvidarse, comprar siempre a utilizando plataformas de pago que ofrezcan garantías, visitar sitios de confianza y proteger las comunicaciones visitando sitios protegidos mediante cifrados fuertes o utilizando una VPN para visitarlos.

El impresionante aumento de las ventas en línea durante el periodo del confinamiento, y el mar de fondo que ha dejado el efecto de la incidencia del virus se explican, sencillamente, como la manera que ha tenido el mercado de readaptarse a una nueva realidad por la única vía que, en ese momento, tenía a su alcance: la digitalización de los sistemas y los procesos de venta. Ha sido esa capacidad de adaptación, de hecho, la que ha permitido salvar a miles de comerciantes y empresas del abismo que se cerraba sobre ellos. Internet ha sido, para muchos, la balsa salvavidas de su negocio; para otros, la prueba definitiva de que no están preparados para el mundo que viene.

Esta nueva forma de acceder a las compras tiene sus propios trucos y reglas, grandes compañías de ventas y publicidad utilizan rastreadores para ofrecer publicidad orientada al cliente o incluso para ofrecer distintos precios por el mismo producto. En palabras de Harold Li, vicepresidente de ExpressVPN: “Algunos sitios a veces ofrecen precios que pueden variar en función del historial de navegación y de las ubicaciones físicas. Los usuarios a veces verán precios diferentes para un mismo vuelo, producto o habitación de hotel en función de esta información. Limpiar cookies en el navegador o enrutar el tráfico a través de otra ubicación o usar el modo incognito puede hacer que se ahorren unos buenos dólares."

A expensas aún de si la nueva normalidad nos devuelve a algo parecido a lo que teníamos hasta la llegada del Coronavirus, de lo que parece haber pocas dudas es de que la tendencia que esta pandemia ha obligado a acelerar no tiene pinta de que vaya a detenerse. La digitalización, el uso de la tecnología, el tráfico comercial online, lejos de ralentizarse, previsiblemente, seguirán con su imparable avance. El éxito y el fracaso dependerá, en gran medida, de la presencia de nuestros productos en esos nuevos entornos comerciales. Para empresas autóctonas de esos ecosistemas, como Amazon o Ebay (por solo mencionar un par), la situación es una autentica bendición. Se mueven como peces en el agua en esos entornos, porque es donde han nacido. El verdadero reto se presenta para aquellos que no tienen tanta experiencia en ese ámbito. Para los pequeños y medianos comercios. Para los autónomos. Para las empresas de sectores tradicionales. Que todos ellos puedan seguir formando parte del tejido en le futuro depende, cada vez más, de su destreza a la hora de hacer frente a este desafío. ¿Serán capaces de reajustarse? Solo el tiempo tiene la respuesta.