En Oaxaca, con elaboración de roscas se alejan de las drogas

Cuando César piensa en el Día de Reyes le viene a la cabeza el aroma a pan, ate y fruta seca. Lo disfruta con un especial cariño porque le recuerda que siempre hay otra forma de vivir, alejado de las adicciones. Por mucho tiempo, César vivió atrapado en ese abismo, del que pensó jamás saldría.

Hoy, al igual que muchas otras personas que habitan en el Centro de Rehabilitación Armonía, ubicado en la capital de Oaxaca, el Día de Reyes les representa una forma de seguir luchando por dejar las drogas.

“Para una persona como yo, que estamos en el interior no representa una vendimia, para nosotros representa una forma de transmitir el mensaje de ayuda y procurar fondos para que el centro siga abierto, tenga las puertas abiertas”, explica.

César es el tesorero en el grupo, tarea que a la larga lo motivó a regresar a la escuela, terminar la preparatoria y actualmente estudiar administración de empresas.

El dinero que se obtiene por la venta de roscas de reyes, va dirigido a la alimentación del grupo, programas de rehabilitación, mantenimiento del albergue, pago de teléfono y renta del inmueble.

“En mi caso esto me permite seguir en mi proceso, porque sigo en ello y poder ser esa puerta entre quienes buscan la ayuda y los que ya están aquí recibiendo la rehabilitación”.

Él llego el 11 de octubre de 2014 cuando tenía 18 años de edad. Su intención de inicio no era dejar las drogas, simplemente calmar la problemática que vivía en casa a consecuencia de la adicción. Con el paso del tiempo su visión cambió por completo.

“Yo conservaba a mi familia, siempre buscaron la forma de ayudarme por distintos medios hasta que me trajeron a este grupo. Yo vivía en un mundo fantasioso en donde el orgullo, la soberbia de un niño de 18 años que cree que con esa edad puede comerse al mundo. Yo pensaba que siendo drogadicto iba a triunfar. En su momento era divertido, me sentía en onda, el placer que me provocaba era enorme y eso me llevó, primero a vender mis cosas para conseguir dinero y después a robar a mi familia”, recuerda.

“Cuando yo ingresé al grupo venía con la intención de quedarme unos meses y saliendo volver a drogarme. Yo no tenía una intención de dejar las drogas. Cuando decido echarle ganas llevaba un año en el grupo motivado por compañeros que seguían la ilusión de una vida mejor a futuro”.

Al interior del centro -apunta- pudo descubrir sus capacidades de venta y administración de dinero, otros de sus compañeros el de la panadería, actividad que desempeñan tanto dentro como fuera del lugar.