La tragedia del ballenero Essex, el evento que inspiró la novela Moby–Dick

Esta es la épica historia de una ballena que logró hundir una embarcación e inspirar uno de los grandes clásicos en la literatura. Sí, hablamos de “Moby-Dick”, una novela inspirada en acontecimientos reales del 20 de noviembre de 1820, cuando un ballenero llamado Essex fue víctima de un feroz ataque perpetrado por uno de estos gigantescos mamíferos. 

El ataque de una gran ballena Desde el comienzo del siglo XIX, la extracción de aceite de ballena figuraba como una actividad económica importante para diversos países.

Nantucket, una isla al sur de Cape Cod, en Massachusetts, Estados Unidos, figuraba como uno de los más grandes centros balleneros del mundo. Decenas de embarcaciones zarpaban o anclaban en este punto todos los días. Los marineros conocían perfectamente las rutas, y generalmente se dirigían rumbo al sur, por el Atlántico.

Estos balleneros no volvían a puerto hasta que sus bodegas estaban a tope. Aquel trágico 20 de noviembre, el Essex ya transportaba una carga equivalente a casi mil barriles de aceite, un poco por arriba de su capacidad máxima. Con un cielo despejado y vientos no podían conseguir mejores condiciones para continuar con la empresa.

En determinado momento, avistaron un grupo de cetáceos a la distancia y lanzaron sus botes al mar. El Primer oficial del Essex, un hombre llamado Owen Chase, pronto tuvo que regresar al ballenero pues la cola de una ballena había dañado su bote.

El inicio de la tragedia 

Mientras el grumete Thomas Nickerson ayudaba a Chase con la reparación del bote, observó algo inusual: un cachalote macho con la cabeza repleta de cicatrices, aproximadamente 28 metros de largo y unas 8 toneladas de peso.

Era un animal intimidante para cualquier efecto. Pero el tamaño no era lo único preocupante, también su ubicación, pues estaba a unos 40 metros del barco y se dirigía a toda prisa contra el Essex mientras azotaba ferozmente su enorme cola de seis metros en la superficie del agua.

“Nos quedamos viendo unos a otros totalmente aterrados, casi mudos”, escribió Chase en un relato titulado “Narración del más extraordinario y desastroso naufragio del ballenero Essex”, donde detalló lo sucedido aquel día.

La verdad es que todo transcurrió extremadamente rápido. Con un golpe contundente, el cachalote embistió la proa del Essex. Después, pasó por debajo de la embarcación, arrancó la quilla y salió por el otro lado. Se alejó un poco y volvió a embestir la embarcación. Esta vez impactó el barco a gran velocidad justo por debajo del ancla.

El ballenero estaba condenado. El gigantesco cachalote se alejó del caos y jamás volvió a ser visto. Una historia de terror en el Pacífico. Owen Chase se había integrado a la tripulación del Essex con apenas 17 años, en 1815.

Aquella era la primera ocasión en que se desempeñaba como Primer oficial, el último rango antes de convertirse en capitán. Nickerson era el más joven de los marineros. Aunque tenía 14 años, desde mucho antes había tomado la decisión de pertenecer a un ballenero.

Nadie sospechaba que el Essex, una embarcación con más de 20 años en el mar, llevaba a cabo su última cacería. La tripulación se había preparado para navegar hasta tres años antes de tomar un descanso largo.

Durante el ataque todo se volvió desesperación, aunque el instinto llevó a Nickerson, Owen y otros hombres a recolectar la mayor cantidad de suministros posibles entre los destrozos de la embarcación.

A la distancia, los otros tripulantes del ballenero que habían salido a dar caza a las ballenas desde el comienzo observaban incrédulos. Al final, los náufragos lograron rescatar varios cientos de kilogramos de galletas, instrumentos de navegación, algunas tortugas que habían capturado en las Islas Galápagos y un poco de agua potable. Los náufragos del Essex.

Ya cuando el sol brillaba en lo más alto, los hombres se habían dividido en los tres botes y analizaban sus dos opciones: intentar alcanzar la muy distante costa de Sudamérica o procurar llegar a las Islas Marquesas, a 2,000 kilómetros de distancia en la Polinesia Francesa.

Se decantaron por la primera opción, y no porque fuera más fácil, sino por los rumores de que en las Islas Marquesas habitaba una tribu de caníbales. Aquella decisión sería tan trágica como el propio hundimiento del Essex. Las inclementes aguas del Pacífico enseñarían a estos náufragos el significado de supervivencia extrema.

Además del trauma psicológico que les produjo el hundimiento del ballenero, la naturaleza no parecía favorecerles. Los fuertes vientos alejaban los botes del destino propuesto. Se enfrentaron a la falta de alimento y agua. La saliva se volvió espesa, sus gargantas rojas y la lengua inflamada.

A casi un mes del recorrido optaron por beber su propia orina para mantenerse hidratados. Muerte y desesperación en alta mar A partir de aquí  uno de los botes se perdió y sus tripulantes jamás volvieron a ser vistos.

En enero de 1821, un hombre llamado Lawson Thomas sucumbió ante las condiciones extremas. Desde que el Essex se había hundido, era la tercera muerte que lamentaban los marineros. Sin embargo, en esa ocasión la necesidad por sobrevivir se impuso sobre la razón y terminaron comiendo a su compañero.

Por mucho que el canibalismo se considerara un acto profundamente barbárico, en los mares del mundo la práctica se veía como una opción legítima de supervivencia.  Pero la desesperación no dio tregua.

Quince días después del banquete ofrecido por Thomas, los náufragos en su intento por sobrevivir  asesinaron a  Owen Coffin, un joven de 18 años.

Rescatados en Chile

Finalmente, el 18 de febrero de 1821 el primer bote que había salido del Essex hacia casi tres meses era rescatado frente a las costas de Valparaíso, en Chile. Owen Chase, Thomas Nickerson y un arponero llamado Benjamin Lawrence fueron, literalmente, arrastrados a un barco mercante británico apodado Indian.

El 23 de febrero, el bote que transportaba al capitán Pollard arribó a las costas de la Isla Santa María, también en territorio chileno, donde fueron descubiertos por el ballenero Dauphin, que también había zarpado de Nantucket.

Cuando la tripulación del Dauphin echó un vistazo al bote, encontraron a Pollard y Charles Ramsdell completamente disociados junto a un montón de huesos. Todos terminaron reuniéndose en Valparaíso, donde contaron sobre los tres marineros que se habían quedado en la isla Henderson.

Estos últimos fueron finalmente rescatados el 9 de abril del mismo año. Aunque no lo creas, los ocho sobrevivientes terminaron regresando a los mares. Pollard volvió a desempeñarse como capitán y llevó consigo a Nickerson, que había ascendido a arponero.

El buen Owen Chase se convirtió en capitán y siguió surcando los mares durante varios años. Sin embargo, jamás olvidaría los eventos de aquella mañana del 20 de noviembre de 1820, tragedia que siguió relatando hasta su muerte en 1869, a los 71 años. 

La inspiración para Moby-Dick

La tragedia del ballenero Essex fue uno de los eventos más difundidos durante el siglo XIX. Y, eventualmente, serviría de inspiración para Moby–Dick, un clásico de la literatura escrito por el estadounidense Herman Melville.

Se sabe que el relato publicado por Owen Chase sirvió de inspiración a Melville. En el libro, el ataque de la ballena figura como el clímax de la historia, mientras que en los hechos reales aquello solo fue el comienzo.

Curiosamente, cuando se publicó la novela en 1851 resultó un auténtico fracaso comercial. Melville sólo recibió reconocimiento póstumo por Moby-Dick.