Sin verificación, sacrifican puercos y reses en Salina Cruz, Oaxaca

No hay un rastro municipal en el puerto
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Ninguna ciudad en el Istmo oaxaqueños cuenta con un rastro Tipo Inspección Federal (TIF).

SALINA CRUZ, Oaxaca.- Pese a la importancia de Salina Cruz como puerto petrolero en el litoral del Pacífico mexicano y estar considerado como protagonista del desarrollo del sur-sureste del país, tras la instauración del Corredor Interoceánico, este municipio enfrenta notables carencias y necesidades en todos los rubros.

Desde una deficiente infraestructura urbana -que queda expuesta cada temporada de lluvias-, la desordenada expansión de la mancha urbana e ineficientes servicios públicos, es el sello de una población que rebasa los 100 mil habitantes y que se erige como la quinta ciudad más importante de la entidad oaxaqueña. 

Autoridades municipales, de todos los partidos políticos han ido y venido, y Salina Cruz continúa inmerso en una realidad que no se apega a lo proyectado por los proyectos de índole federal. 

Salina Cruz, junto con Santo Domingo Tehuantepec y San Blas Atempa, forma parte de una de las casi 50 zonas metropolitanas que existen en el país, y es la segunda en Oaxaca.

En la práctica 

En este sentido, diversos sectores -sobre todo quienes se dedican al sacrificio y comercialización de carnes- señalaron la necesidad de un rastro municipal que opere para garantizar condiciones óptimas para la distribución de productos cárnicos en los establecimientos comerciales de la ciudad, lo que se reflejaría además en la salud de los consumidores y el cuidado del medio ambiente.

Aquí, reses y puercos son sacrificados sin más, y sin ningún tipo de garantía para los consumidores que desconocen si se trata de animales contaminados o enfermos los que están adquiriendo en plazas y mercados porteños.

Hace ya varios años existía un espacio que prestaba el servicio como rastro municipal, recordó Fidel Reyna Carrasco.

Sin embargo, añadió, el local fue desincorporado por el mal manejo y hasta la fecha, la carne que compramos y consumimos, cabe la posibilidad de que pueda tener algún tipo de contaminación o de que se trate de animales que son sacrificados estando enfermos.

Con anterioridad, los carniceros ofrecían la carne y mostraban a los marchantes el “sello” de salubridad, para que los compradores tuvieran la certeza de que el producto ya había sido verificado por el servicio de salud, ya sea el municipal o el estatal, en esos tiempos de hace ya más de 15 a 20 años, indicó el abogado.

El hombre sostuvo la urgente necesidad de que el municipio coordine y establezca un “rastro municipal” que supervise y vigile el sacrificio de reses y puercos, pues actualmente no hay ningún tipo de institución municipal u organismo que permita y evalúe el origen, el sacrificio, la calidad de la carne y de su condición, que esté libre de parásitos y enfermedades. 

En la actualidad, carniceros y vendedores de res y puerco expenden el producto sin ningún tipo de verificación, dijo un trabajador.

Explicó que el producto llega destazado y alineado en las bateas de camionetas y javas, sin mayores medidas sanitarias, y cada quien se encarga por su propia cuenta del sacrificio de sus animales y de su venta al público en general.

Con esto, ya depende de la calidad moral de los comerciantes si es que se van a desistir de la venta de producto que de forma empírica se puedan percatar de si está contaminado o no, si presenta llagas o granos en ciertas partes del cuerpo del animal para determinar si lo pueden comercializar sin provocar un daño a las familias porteñas.

A veces se percatan, por sentido común, de la utilización de diversas sustancias para la engorda de estos animales, como por ejemplo el clembuterol, el cual pueden detectar de forma sencilla en el hígado de res, y es por lo cual hay días en que no hay venta de este producto, ya que es desechado, aunque aseguran expertos que puede haber residuos en la carne.

 El otro problema

Los restos de huesos y vísceras que no son comercializados los avientan los propios trabajadores al camión de la basura, por instrucciones de sus patrones, diariamente estos desechos van a parar al camellón de la avenida 5 de Mayo casi esquina con Progreso de conocida carnicería y otro tanto más en el área de carga y descarga del mercado central.

 

"La carne que compramos y consumimos, cabe la posibilidad de que pueda tener algún tipo de contaminación o de que se trate de animales que son sacrificados estando enfermos".

Fidel Reyna Carrasco, cliente.