Diálogos de Clara

LECTURAS PARA LA VIDA

Sé que soy vieja. Más vieja de lo que una noche llegué a soñar. Dicen que lo he perdido todo, como si en estos tiempos nos perteneciera algo más que nosotros mismos, que nuestras ideas, que nuestra voz. A veces nuestros cuerpos. Tengo la dicha de todavía tenerme, aunque mi garganta sea un río lleno de piedras donde el agua corre muy lento, aunque haya agotado las últimas fuerzas de mi corazón en el Parlamento, pronunciando un discurso que los gritos fascistas intentaron apagar con esa indiferencia propia de los hombres. Llegué a la edad última y me duele el cuerpo. Así debía pasar, debía envejecer para acercarme al dolor de catorce horas en una fábrica, al rechinido de las máquinas inoperantes que requieren el doble de esfuerzo. La edad última que a la mayoría las alcanza antes de ver su pelo encanecido, su frente llena de arrugas.

Quiero seguir luchando en el frente de la vida. Pero agonizo. Muero en esta tierra infértil que me ha acogido otra vez, que me ha mecido entre sus brazos como a una hija propia. Aquí dejo escapar el aire de Sajonia que inhalé al escapar del vientre, el aire de Leipzig que me hizo luchadora, el aire del refugio Zúrich, el aire francés del exilio. Mientras salen percibo cada una de sus texturas, de sus sabores y sus humedades. No necesito que sigan siendo esclavos de mi memoria. Uno por uno los dejo libres. Entonces salen de mi boca para unirse de nuevo con el infinito.

Soy Clara Eissner: la hija de Josephine Vitale Eissner. Soy Mutter Clara: la madre de Konstantin y Maxim Zetkin. Soy Clara Zetkin: diputada de las Trabajadoras en Berlín. Soy Clara: amiga íntima de Rosa Luxemburgo, torturada y ejecutada en 1919, cuya obra de toda la vida fue preparar la revolución. Soy Clara Zetkin: la diputada con más edad de todo el Reichstag. Soy Clara Zetkin: la inconforme, la revolucionaria, la que escucha a las obreras, la que llora con todas las historias hasta que se queda sin lágrimas, la que alza el puño en las calles y lo gasta todo en las imprentas, el cuerpo con más rabia en la necrópolis de la muralla del Kremlin.

[email protected]