VIDEO| Mercado de Abasto, en espera de la ayuda prometida

Familias perdieron su patrimonio en plena pandemia

La Central de Abasto se consagra como el mercado más grande del sur de la República Mexicana. Entre la multitud de accesos al recinto, doña Hilda Teresa Pérez, delegada de la zona de artesanías, saluda a sus compañeras de trabajo, mientras camina por los estrechos pasillos repletos de todo tipo de productos -alimentos, ropa, artesanías-.

"Mira arriba, todavía se aprecian las zonas quemadas", dice mientras señala un espacio sin apenas negocios. "Están cerrados porque no han podido recuperarse de la desgracia del incendio", explica.

El espacio luce despejado por la ausencia de puestos que desentona en una Central conocida por la multitud de turistas, clientes y vendedores.

Los desastres de las llamas

La noche del pasado miércoles 27 de mayo, en mitad de una pandemia que ha afectado a todos los rincones del planeta, un incendio arrasó con un total de 205 puestos de la Central de Abasto.

Los 20 mil vendedores que trabajan a diario en el mercado, pasaron la noche en vilo. Toda la sección de artesanías quedó calcinada. Bomberos de diferentes municipios de Oaxaca trabajaron para paliar las llamas. Fue hasta la 1:30 de la madrugada que el fuego estuvo controlado; hasta entonces, el fuego avanzó con fuerza entre las infraestructuras.

"Me llamaron por teléfono diciendo que estaba ardiendo una caseta de canastos", relata doña Hilda. "Mi marido vino corriendo, pero las llamas eran enormes y no hubo forma de salvar el negocio".

 

El puesto de Hilda Teresa contaba no solo con el espacio visible para el consumidor, sino con tres bodegas repletas de mercancía para vender. "Lo perdimos absolutamente todo. En cifras económicas, hablaríamos de millones de pesos", confiesa. Si, además, tenemos en cuenta que el negocio llevaba dos meses cerrado por el avance del coronavirus, las pérdidas son todavía mayores.

"Esta caseta es la base económica de mi hogar. Mi hija fue a la universidad gracias a los ingresos de mi trabajo. Ella también tenía un espacio de bisutería en la Central que ardió por completo".

El día siguiente, en torno a las siete de la mañana, doña Hilda acudió al mercado. Gritos, llantos y algunos desmayos. Muchas -porque en su mayoría son mujeres- habían perdido el medio por el que sustentaban a su familia. "Nos mirábamos las caras entre todas sin hablar. Solo llorábamos. Había cerros de ceniza y nos quemaban los pies del calor del fuego". La mujer hace una pausa para recomponerse. "Estuvimos aquí todo el día y vino el regidor de Mercados, el único que realmente se ha preocupado por nosotras".

Por otro lado, la amenaza de la pandemia empeora la situación. La Central de Abasto es conocida por ser un foco de infección por la aglomeración de personas que recorren sus pasillos, pero la realidad es otra. Apenas discurren transeúntes entre sus tiendas. El descenso de ventas desde marzo ha ido agravándose con el transcurso de los meses. "Si no hubiera pandemia y hubiera ocurrido el incendio, la recuperación habría sido más sencilla. Pero no es así. El (sic) COVID está impactando muchísimo en los 20 mil trabajadores de la Central".

 

Solicitud de ayuda

La relevancia de este gran mercado es de una magnitud aparentemente invisible. Los negocios de ésta, al margen de vender sus propias artesanías, suponen un fuerte soporte económico de los Valles Centrales y la Mixteca. Cada martes, viernes, y sábado, los artesanos de diferentes zonas del estado de Oaxaca acuden a la Central para vender sus productos. Este sistema permite subsistir tanto a quienes elaboran la mercancía, como a quienes la despachan en sus puestos.

La pérdida de negocios a causa del incendio supone no solo la supresión de ingresos de los comerciantes, sino también de las familias artesanas del estado. Con todo, y a consecuencia de la tragedia, se prometieron destinar 100 millones de pesos para la restauración del desastre. "Me gustaría hacer un llamado al gobernador porque, a pesar de la gravedad de la pandemia, necesitamos que no se olvide de nosotras. No hemos salido a protestar ni a tomar las calles, estamos pacientemente esperándolo, pero nos urgen respuestas", testifica doña Hilda.

Además, declara que no ha recibido ayudas y que solicita una entrevista para saber qué planes tienen para las afectadas. Explica la necesidad de reunirse, también, con el presidente municipal de Oaxaca de Juárez: "Nos dio una entrevista, dos despensas y un cheque de 3,760 pesos, pero solicitamos otro encuentro. Pagamos nuestros impuestos al municipio de Oaxaca de forma continua, inclusive los meses no trabajados por el desastre. De ahí debe de salir algo para combatir esta situación".

La afectada muestra un recibo de luz con fecha de 28 de octubre. "Mi negocio ya no existe, no tengo medidor de luz y el importe a pagar es de 880 pesos", declara.

 

Recoges lo que siembras

Si existe un rayo de luz entre los restos del fuego, ha de ser la solidaridad de quienes estuvieron cuando todo había sido calcinado. Doña Hilda señala que hace un año apareció en la Central uno de los artesanos de la Mixteca. Su nombre es Eduardo, hijo de Mario, con quien la mujer había trabajado durante 28 años. Eduardo le dijo que, por favor, le comprara toda la mercancía para poder pagar las medicinas de su padre. Ésta lo hizo y, además, encargó en la farmacia los medicamentos que solicitaba el joven. Tras el incendio, la misma familia de artesanos le regaló docenas de canastas para empezar de nuevo el negocio.

Aún así, y a pesar del claro ejemplo de que el pueblo salva al pueblo, esas docenas de canastas no son suficientes. "Estamos pidiendo préstamos y, de momento, lo que vendemos nos da escasamente para comer", sentencia.