El Lector Furtivo: El apando

En las páginas de "El apando" (1969), visitamos el interior del “palacio negro” de Lecumberri, lugar donde, lejos de encontrar la readaptación social, los personajes caen en una espiral de abyección motivada por la necesidad de “aliviar” con el consumo de estupefacientes la tortura de verse privados de la libertad.

Los personajes protagónicos, un trío de prisioneros drogadictos, llenos de rencor, habitan la ya mítica cárcel capitalina sin que el lector sepa qué condena cumplen ni por cuáles delitos. Los personajes secundarios son tres mujeres entregadas al sino trágico de servir a los machos que, aún en prisión, mantienen sobre ellas ese estatus de superioridad utilizándolas como el vehículo por el cual la droga llega a sus cuerpos, para lo cual deben sortear la férrea y abusiva vigilancia de los carceleros.

Por si esto fuera poco, dentro de la cárcel existen espacios de confinamiento mucho más severos que en el resto de las celdas, es el “apando” que da título a la obra. En este lugar, se desarrolla el drama claustrofóbico de estos tres hombres. Es un espacio sucio y grotesco: una cárcel dentro de la cárcel.

A través de esta obra, José Revueltas da testimonio del sistema penitenciario al que critica de manera contundente; dicha crítica se hace extensiva al sistema de justicia y al sistema social. "El apando" fue escrita mientras el autor vivía en carne propia el encierro, acusado de incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño a propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones, todo por su presunta participación como agitador en el movimiento estudiantil de 1968.

El autor, más allá de su compromiso con las causas sociales progresistas, es un maestro de la literatura y para "El apando", propone un único y largo párrafo lleno de hechos violentos y cruentos. Este enorme párrafo genera la sensación claustrofóbica de la vida en prisión. En la versión cinematográfica de Felipe Cazals (1975) vemos cómo esta sensación se hace extensiva a los carceleros y sus hogares. Estos son llamados los “monos” por los prisioneros que los reconocen tan “enjaulados” como ellos, llevando vidas vacías e intrascendentes donde los límites morales y éticos se van desdibujando de manera que en sus hábitos apenas el uniforme diferencia a unos de otros. Prisioneros y “monos” se miran como en un espejo que les devuelve una imagen terrible, que odian y que les corresponde con un odio similar.

La calidad de la adaptación cinematográfica de "El apando" fue posible gracias a la participación del mismo Revueltas y cuenta con la colaboración de otra talentosa pluma que también vivió los rigores de la cárcel, la de José Agustín.

Más allá de las doctrinas ideológicas, que su fábula reivindica, "El apando" es un texto propositivo en términos formales, una muestra del trabajo de uno de los mejores escritores mexicanos del siglo 20, cuyo oficio es ejercido con madurez y visión de futuro.