El despertar de las hormigas: la violencia implícita

Isa es una joven que vive en un diminuto poblado de Costa Rica junto a sus dos niñas pequeñas y su esposo Alcides. Además de hacerse cargo del hogar y de un negocio que se expande cada vez más, debe lidiar con la presión que le impone su marido y la familia de este para engendrar un hijo varón, lo cual la sume en un estado de ansiedad que poco puede manifestar abiertamente. La característica que más claramente comparte con sus hijas es el cuidado extremo por su larga cabellera y la resistencia a cortarlo.

En su ópera prima “El despertar de las hormigas”, Antonella Sudasassi Furniss retrata el cambio progresivo en la mentalidad de su protagonista, tras darse cuenta de que su libertad se encuentra coartada por los roles de madre y esposa que parecen restringir su vida a esos dos únicos ámbitos, a pesar de su deseo de rentar un local para tener su propio taller de costura. Esta transformación no es exuberante ni repentina, responde a pequeñas acciones que poco a poco van llevando al personaje principal a darse cuenta de la violencia en la que vive, misma que tampoco se hace presente de forma explícita. Alcides no golpea a Isa, tampoco le habla mal, pero el hecho de no escucharla y presionarla continuamente para ser madre de nuevo, es una forma de opresión que pocas veces se ve en la pantalla.

La cinta mantiene en todo momento un tono minimalista, no hay grandes choques dramáticos ni usos extravagantes de los elementos cinematográficos, y es justamente por eso que resulta tan fácil identificarse con las situaciones que plantea y que viven muchas mujeres en el mundo, pero en especial en América Latina. La historia de Isa muestra lo sistémico que es el patriarcado y lo difícil que es adoptar otras formas de relacionarse con los hombres dentro de un contexto mermado por un machismo punzante en el que desde la planificación familiar hasta cortarse el pelo, pueden ser tomados como actos de rebeldía.

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